viernes, 13 de enero de 2012
Se vio en el espejo y juró volverlo a ver, pero en distintas condiciones a aquella vez que lo vio por primera vez.
Al principio, reflejó a un chico con problemas y enojado al no querer ver a un doctor más. Mientras se veía, se prometía no volver a ese lugar. Aquel espejo no era nada más que un material, pero para el chico significaba algo tan grande como su libertad.
Lo contempló vestido y se acomodó el pelo. Su cara no era perfecta, pero a él no le interesaba. Fue el momento en que se detuvo y su cabeza no paraba. ¿Qué pasaría si ocurriera lo que él no esperaba?
Al espejo no sé si lo volvió a ver, pero, si lo hizo, fue desnudo o a medio tapar, ensangrentado, pero con ganas de más.
—Los genios nacen con ese toque de habilidad —diría su mamá—. Ven sentimientos en lo que otros verían un almohadón o un huevo duro que a la mañana les caerá mal. Pero, si eres genio, esa sensación la podrás inmortalizar, sea por poesía o algún tema musical.
Y con esa frase calló.
Del chico y el espejo no supe rumores de ellos dos.
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