jueves, 29 de marzo de 2012
Y se quedó ahí, en su mundo imaginario, donde las sonrisas se desgastan y los días se hacen cada vez más largos; donde la policía sí te acepta y los ladrones charlan sobre Coelho... Sí, allí, en un mundo donde los colores comunican más que en el anterior, donde verde es verde:
—¡Dale, pasá! No te preocupes, nadie te va a pisar.
Donde la ropa también habla:
—Esta remera les va a contar que tengo un evento donde nada puede salir mal.
En fin, su mundo. Un mundo, no el tuyo...
Los gatos, el mejor amigo del hombre loco. Se confunde mucho con su personalidad, involucrado con un test de narcisismo que lo aseguró —o medio creo— que aprobó; donde comer es molestar y dormir es lo principal.
En ese mundo, los cabezones verdes forman parte, pero piden monedas y su C.I. no pasa de los 60... Una vez más, la TV nos engañó.
En fin, quien se quedó en ese mundo, lo último que sintió fue una puerta cerrarse bruscamente y un chaleco precisamente no a la moda.
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che, me gustó esto. no sé si entendí, es bastante flashero, pero tiene esa cosa que me gustan de los escritos cortos: que nunca sabés ni te das cuenta de qué palabra va a venir después de la que estás leyendo. es genial :)
ResponderEliminarun abrazo!
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
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