miércoles, 11 de julio de 2012
Cuántas imágenes en un solo segundo, cuántas melodías y ruidos auditivos en el mismo instante. Me imagino (en realidad no) qué me espera en el otro. ¡Películas enteras contadas y cortadas en tiempos imposibles! Por favor, recordá que no quiero lastimarte.
Cuántas mañanas de cielo verde y de calles con neblina, cuántos surtidores abiertos derramando charcos de colores. Por fin, el cielo está en el suelo.
Cuántas chicas frenando mi recorrido en bicicleta con sus tacones llenos de caramelos para regalar, sentadas en las escaleras del centro de mi ciudad.
Programa en vivo contando votos para elegir la belleza que vea de arriba a las demás bellezas esparcidas por algún lugar. Yo voté y, aun apagando el televisor, sé que mi elegida no va a ganar. ¿Y quién me creo para no dejar que las cosas sigan así?
Cuatro tiros y letras perfectamente ordenadas no volverán a juntarse hasta el próximo aviso, si es que lo hay.
Un solo y lágrimas con reproches no se podrán representar en voz de fumador con problemas infantiles.
Cuántas enfermedades que no dejan bailar y apagan el sonido de las cuerdas vocales justo cuando su esplendor está en el apogeo de poder expresarse.
Cuántos problemas de creatividad vendidos en forma redonda para un bien en ellos mismos, cuántos arruinados sin imaginación.
¿Cuántos? Cada vez más...
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