jueves, 9 de agosto de 2012
Todo comenzó con una mano, o mejor dicho, dos. Para ser más específico, fue con el dedo anular (cada dedo tiene funciones diferentes, eso ya lo sabemos). El contacto piel a piel hizo parecerlo a su imagen y creó todo lo que conocemos, o casi todo.
Por un lado, tenemos representado a lo divino, inalcanzable, perfecto, hermoso, bondadoso y todas las cualidades que se te puedan cruzar por la cabeza. Lado opuesto, veremos a alguien en quien tendremos que confiar, sabiendo que existe la posibilidad de que fracase en "su meta", por la que fue puesto en tierra. Todavía está solo y le pudo venir mejor, pero no tardaría mucho en compartir su soledad con alguien.
Lo único importante es el dedo. Me encantaría saber si el de al lado fuera el enfoque principal en la obra; seguramente se armaría un revuelo social. Tal vez no alcanzás a representarlo mentalmente, pero si consultaras a Miguel Ángel en tu cerebro, te vas a dar cuenta enseguida.
Plasmar paisajes reales con un pincel es digno de adoración, pero el protagonismo lo ganó una mujer de cara semipreciosa, ojos puros y sonrisa forzada. Nadie sabe la razón de por qué fue icono mundial. Por suerte, ella no está enterada de eso.
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