lunes, 10 de agosto de 2026
Por suerte, la música me sigue poniendo "la piel de gallina". Químicamente, no sé qué estará pasando por mi cabeza, pero es placentero y siento el pico de éxtasis que recorre mi cuerpo y se exterioriza para que, efectivamente, pueda ver que lo que me está pasando realmente existe, y eso me conmueve. El primer registro que tengo será a unos once o doce años de edad, acostado en lo que era la cama de mi hermano. Me puse auriculares y le puse "play" al Discman que era de mi papá. Todavía atesoro esos fuegos artificiales como si lo estuviera escuchando por primera vez, en esa cama y con esa ingenuidad. "De regreso a Oktubre, desde Oktubre" es la primera frase que suena, entre coros y tonos oscuros. Me considero afortunado: la vida se dignó a poner todo en orden para que pueda acceder a ese Discman, a esa edad y con ese disco, al cual considero el mejor CD del rock nacional (aunque probablemente no lo sea, ¿o sí?).
No siempre se tienen recuerdos de momentos como ese. Es decir, por más que hago esfuerzo mental, no puedo llegar a visualizar la primera película que vi en el cine, ni lo que me hizo sentir, y eso que me considero fan del mismo. El 5 de junio de 2026 falleció "el Indio" y lo sentí muy cercano; no al grado de la muerte de un familiar, pero sí al grado de perder una parte de mí mismo... Y no es de extrañar: mucho de lo que soy fue por escuchar su música. Seguramente sueno pretencioso, y seguramente lo sea, pero aún tengo la dicha de que un conjunto de melodías toque esa fibra.
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