jueves, 14 de junio de 2012
Volví más desgastado que nunca. Las mentiras de todos me están cansando, puro yo-yo-yo o bla-bla-bla. Hay que saber elegir de qué hablar, cuánto hablar y cómo hablar, justo un segundo antes de hablar o, en algunos casos, dejar hacerlo. Y, si lo haces, perfecto, pero con veracidad o pensá una mejor forma de contarlo.
Por otro lado, viendo un programa, me di cuenta de que vamos a terminar todos en una jaula, y las personas posteriores de la evolución (con su mayor porcentaje de C.I.) nos van a observar cómo nos matamos por algún charquito de petróleo sintético, tirándonos pedazos de hamburguesas para su diversión. Me lo imagino de una manera que, si supiera dibujar realmente bien, lo haría y les enseñaría cómo lo estoy pensando.
Por eso es genial el que sabe dibujar: tiene un sueño raro y no sabe cómo explicarlo; bueno, papel y lápiz, y veamos qué sale.
Volviendo, estas personas van a ser más altas, de pelo corto y ojos bien redondos, boca chica y nariz perfecta, también enjutos. Se van a comunicar telepáticamente, dejándonos en ridículo una vez más; nosotros, intentando adivinar, y ellos, con caras de pena, intentando adiestrarnos. Pero nunca lo van a lograr, nunca. Somos muy inútiles.
En fin, gente que conozco en otro tiempo me diría que los sabe interpretar.
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