Hasta pronto, Gabriel
martes, 17 de marzo de 2015
Una niña que odiaría si la llamo así me ha enseñado de la vida más que profesores, familiares y amigos. En su corta pero agitada vida, en su visión particular creada por la lectura constante en busca de diversión dentro de un caos inigualable, en su forma de pensar progresista a la de su edad, en la forma que me hace auto recordarme de chico en lo de alegre y hablador, pero ni por asomo con su ingenio. Detallista al máximo, logra crear escenarios en mi cabeza con sus descripciones perfectamente calculadas, creadora de frases imponentes que hace que las relea y las relea. Cumplidora de sus sueños sin poder verlo, arrebatadores de enorme lucidez a los cortos quince años. Sencilla, genial, lucida, brillante, pesada, fría, calculadora, molesta, parlanchina, visionaria, poetiza, solidaria, optimista. Todo eso en una sola niña que no la dejaron ser adulta.
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