jueves, 24 de mayo de 2012
Esta es su historia, no la mía. Esto pasaba cuando su mente no registraba problemas internos ni externos, cuando no hacía falta comportarse o vestirse de determinada forma para NADIE ni para él mismo.
Se levantó una mañana no tan mañana, se sentó y sonrió, aunque en esa hora no había nadie en casa, ya sea por trabajo o la búsqueda de este. Imaginó que todos los objetos que miraba le devolvían el gesto, menos su reflejo. Por eso se cuestionó:
—Sé que estoy sonriente, no tengo motivos para no estarlo, es más, no pago nada, como gratis, con suerte razono... Pero ¿qué le pasa a ese sujeto igualito a mí, pero con problemas?
Probó traspasarlo, pero no tuvo suerte como su mejor amiga ficticia Alicia. Al ver que era sólido como un escritorio, se esforzó y gesticuló de todas las maneras existentes, a pesar de que las comisuras las sentía casi escaparse de su cara. Y el reflejo, nada: aburrido, con problemas, angustiado, parecido a un viejo bastante básico y cuadrado.
Al luchar toda la madrugada, se dio por vencido. En ese instante llegaron sus padres, cansados y con pizca de falsedad en sus rostros, y dijeron casi a coro:
—¿Qué pasa que estás con esa cara?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario