miércoles, 3 de octubre de 2012
El camino ya estaba predeterminado, solo era juntar valor (no sé de dónde nace) y caminar a la puerta donde duerme el reciente enemigo. Casi sin ganas ni fuerzas, escucho una voz que hace unas semanas no sentía; la reconocí como si fuera la propia y me detuve (tenía ganas igual). Ella tocaba temas sobre muertes prematuras y ángeles, dio un par de nombres de hombres que nunca la van a defraudar y recomendaciones como acostumbra cada vez que tenemos la suerte de encontrarnos. La historia venía bastante entretenida y la puerta del principio tomaba una importancia menor. En medio de todo esto, ella, mi divina, soltó un nombre que me hizo viajar por completo al pasado. Allí yo sonreiría y agradecería por mi nombre de pila, sobre todo por la carga de las siete letras que lo componen. A los pocos días también me enteraría sobre la llegada de un niño de igual nombre, pero por honor a mi tímida y sonriente persona. La puerta a la que fui nunca se abrió y no pude haberme sentido mejor.
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