domingo, 25 de noviembre de 2012

Justo caíste a treinta y dos pasos de distancia, distancia suficiente para crear magia y alargar treinta y dos pasos a doce años, doce años con tres etapas diferentes. Techos creados especialmente para pasar mañanas y disfrutar lo que podría ser un suicidio para vecinos inseguros y armados. Rock desde muy temprano, y claro que también hubo llantos. El cambio de etapa vino de la mano de los vómitos de alcohol en el piso, el techo perdía su gracia y el liquido ayudaba a mostrar la personalidad, o a desfigurarla, no lo sé. Entre voces mezcladas y charlas que nosotros dos entendíamos, siempre fue así, y siempre me pregunté lo aburrido que debe estar el tercero en la conversación. Por eso, los cambios afectaron tantas cosas, el viento se llevo todo puesto, pero mantuvimos la palabra de que eso sea algo eterno, y creo que lo vamos cumpliendo.

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