miércoles, 24 de agosto de 2016

En Agosto

Todo comienzo sabemos tiene un fin. Cada anécdota, charla, sugerencia, discurso, se pierden en un punto. Cada estimulo, sabores, conocimientos, fortaleza, se apaga con el transcurso de la naturaleza. No me quejo, es una ley que rige hace millones de décadas, y nada ni nadie  (a mi opinión) va a ser capaz de frenarla. El aleteo de las mariposas hace referencia que en algún lugar del mundo está naciendo un ser humano, y que por consecuencia en otro punto del globo terráqueo está falleciendo otra (o por lo menos una de sus versiones) Nadie garantiza que la que se va tenga ganas de hacerlo, ni la que viene lo haya pedido. Ahora solo juega la suerte, el capricho del destino, la genética antepasada, el cuidado, o la indiferencia que tuvieron en su gestación, la ausencia o no de los progenitores, y tantas variables que no podemos tener acceso ni elegir. Cómo se supone que se debe levantar alguien que la vida parece disfrutar torturarla, envejeciéndola prematuramente, a golpes físicos y emocionales, quitandole purezas indefensas que eran lo único que hacia que valiera salir de la cama. Agosto me ha invitado a reflexionar sobre varios hechos, y un cuerpo deteriorado pero en vida me ha intentado comunicar más que por palabras, sino mediante sonidos onomatopéyicos, la importancia de una buena infancia. Pero como escribí antes, eso no está a nuestro alcance, ni lo va a estar.   

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