Para rebosar ese sentimiento confuso de alegría y duelo que conforma el terminar un buen libro, me dispuse a ver una película ucraniana del 2014 "The Tribe" o "Plemya" recomendada por una amiga cinéfila que me prometía que me iba a encantar.
De entrada la pelicula te indica que no hace falta ningún subtitulo ni la traducción a algún idioma, ya que el lenguaje del largometraje es únicamente con señas. Yo, con expectativa y dudante, me propuse a ver la película, la primer pregunta que me hice a mí mismo fue 1- ¿Voy a entender algo? quiero aclarar que nunca estudie intérprete superior de lenguas de señas ni nada por el estilo, y 2 - ¿Realmente me va a parecer entretenida? con lo que se me vino rápidamente el film que vi con mi vieja en el antiguo cine universidad "The Artist" donde el único momento que se puede escuchar un sonido es en el final, pero eso no detuvo que ganara el premio a mejor película en los Oscars del 2011 (entre otros premios) menos, que a mí me encantara.
La sinopsis, un joven que entra a un internado, y para pasar sus días ameno se une a una tribu dedicada a los actos delictivos y la prostitución. Sin dudas me llamo la atención un poco más, y en mi cabeza ya se formaba la figura de Holden Caulfield el personaje del libro "El guardián entre el centeno" una novela de J. D. Salinger que altamente recomiendo (de verdad, léelo).
Puedo decir que cuando termine de ver el largometraje pude captar la mayoría de las escenas y su significado, todo esto para mi asombro. Fue cuando me di cuenta que para las acciones básicas del ser humano como amar, odiar, alegrarse, entristecerse, dudar, no hace falta utilizar una sola palabra. Solamente con el gesto de una cara, o con la posición del cuerpo perfectamente podemos comunicar casi o igual que con las palabras, está bien, la película tampoco es complicada de argumento, ni llena de eclipses de tiempo como "Memento" más bien es directa y sencilla pero eso no quita que sea entretenida, ni bien contada. Si queres "innovar" por decirlo de una forma, te la recomiendo con un buen café y ganas de entender como es el mundo de los sordos y las señas.




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