Hola, de nuevo. Han pasado varios días y me he puesto a
reflexionar si extraño a Ludmila por un mero acto de egoísmo, o si en verdad se
me hace indispensable una vida sin ella. Es decir, si estoy enamorado de ella,
o estoy enamorado de mi cuando estaba con ella. Si cada lágrima que derramé y
sigo derramando fue por su partida, o fue por el hecho de dejarme sólo cuando
me sentía a gusto con la monotonía de su presencia. Son pensamientos fríos que
el tiempo me ha puesto en el camino y no he sabido esquivar. De esa forma gasto
- o malgasto - mi tiempo... pensando, pensando y pensando. Me esta poniendo
realmente enfermo todo esto. Lo sé, no te hablado en mucho tiempo y te vengo
con estos planteos, tomate tu tiempo para digerirlos, te espero.
Por otra parte, ella fingió durante los últimos meses - o
tal vez, años - ser feliz, y de querer encontrarle el lado bueno a las mínimas
cosas. Ella también fue egoísta si somos críticamente justos, sé que mis
palabras ahora mismo parecieran las mismas de un robot de marca nipona más que de
una persona, pero supongo que es porque estoy creciendo como persona, o
simplemente soy un tipo muy angustiado... vos me dirás. Algo tengo claro, y es
que la extraño, ella poseía de esas personalidades que se penetran en uno y son
capaces de lograr maravillas... o destrucción, según sus valores y ética.
Ludmi, era de las primeras, sin dudarlo. Podía manipular a su antojo a quien
quisiera, aunque manipular tenga connotaciones negativa en muchas personas,
cuando puede ser algo perfectamente positivo también. Me gustaba comparar esa
palabra con el sabor preferido de ella, el "pistacho". Todavía sigo
sosteniendo de que es un sabor horrible igual.
Pensé en aquella noche en el bar triste, sucio y oloriento
que solía frecuentar los jueves, esa misma noche que había tenido sexo con una
total desconocida, el causante que desencadeno que me cuestione sobre
lealtad y amor a Ludmila. Estaba dispuesto a llamar a aquella chica para preguntarle que
tanto la conocía a ella y ver si podía responderme algunas inquietudes, aunque
de por sí, ver su nombre en la agenda del celular "Maria" significaba
un dolor punzante en mi estomago, no quería imaginarme el verle la cara de
nuevo, claro, todo esto si se acordaba de mi y estaba dispuesta a reencontrarnos. Al
cuarto intento pude contactar con ella, que al parecer estaba igual de
sorprendida que yo por el llamado, no me reconoció hasta detallarle aquella
vergonzosa noche de helada máxima en aquel bar. Sonaba cortante al saber quien
la llamaba pero accedió a verme, solo con la condición de que fuera esta noche, porque las demás por alguna razón se les complicaban. Quedamos en reunirnos a
las nueve de la noche en la calle más recurrida e iluminada del centro,
ubicación que cualquier turista interesado en esta ciudad le recomendarían ir.
Busque ropa que ponerme, tenia la misma desde hace un
tiempo largo, parecía un dibujo de los años '90 cuando abren el placar y tienen la
misma prenda repetida numerosamente. No buscaba impresionar a nadie, así que
mucho no me importo. Prendí la ducha con la canilla caliente a más no poder, mi
intención era que el intenso humo de vapor inunde el baño. Busque un
reproductor de música para que me acompañe en la ducha, solía escuchar música
alegre, pero mis últimos baños habían sido con "Radiohead" de fondo.
Ya afeitado y limpio, me serví una taza de café, me termine de secar, me vestí
y pedí un taxi. Podía ir caminando pero no me apetecía.
Le pague al chófer y me baje del taxi, no era un tipo muy
amable. Eran las ocho y media, tenia algo de tiempo para ver que oferta
cultural me ofrecía la noche de jueves. La música era la misma a lo largo y
ancho de tres cuadras, no exagero, literalmente la misma. Entre tanta gente y
conversaciones, ruidos y melodías repetidas, pude distinguir un piano que
sonaba hermosamente bien, a cada tecla que presionaba su artista me acercaba un
paso más a su interpretación. Por lo que pude percibir se trataba de las obras del
talentosisimo Frédéric Chopin. Conocía su música debido a mis padres, que por
causa del mito de poner música elegante y clásica a sus hijos en la panza, su
desatollo intelectual aumentaría mágicamente antes de ser concebido, cosa que
es totalmente falsa y hasta cierto punto estúpida, pero gracias a ese mito, mis
padres se encariñaron con sus obras y me la legaron.
Di con el paradero del lugar, no parecía muy elegante como
su música, pero quería entrar a comprobarlo por mi mismo. Antes llame a Maria
para ver si estaba de acuerdo con aquel lugar, no quería ser pretencioso -
aunque lo estuviera siendo - a nadie les agrada los pretenciosos. Ella acepto
de una forma no muy convencida. Le comente de ir a otro lugar si quería,
sabiendo que mis ánimos no estaban para ninguna música festiva tal cual como mis duchas.
Al entrar era un salón bastante oscuro, pero mucho más elegante que su
exterior. Visualice una mesa cerca del pianista, quería estar lo más cerca
posible de sus excelentes interpretaciones, le pregunte a la moza si me podía
acercar una cerveza a la mesa más próxima del piano, lo que me afirmo con su
cabeza, así pude saber que no estaba reservada ni nada por el estilo. Me senté
y toda la atención y concentración fue dirigida a los dedos que acariciaban las teclas blancas
y negras del piano, sonaba perfecto, mi cabeza estaba en paz. La vibración de
mi celular casi entorpece la melodía, atendí con voz muy baja, era Maria
diciéndome que estaba afuera, que conocía un lugar mejor que ir. Me parecía una
falta de respeto retirarme antes de que el habilidoso hombre terminara sus
interpretaciones, pero tenia que hablar con ella si o si. Tome la cerveza en
tiempo récord, pague de inmediato, y mediante un gesto de cabeza intente
saludar al pianista que obviamente no me vio.
Me acordaba muy poco de su cara, pero sabía que era ella,
nos saludamos de manera incomoda y me propuso ir un bar de un conocido de ella
calle abajo. Estaba vestida de forma provocativa y sin mentir le quedaba muy
bien. No hablamos, ni nos miramos hasta llegar al bar, que
estéticamente era más lindo que el anterior, pero muchísimo menos
interesante. Saludó a un grupo de personas y subimos unas escaleras hasta una
mesa que parecía reservada para nosotros.
- ¿Qué te pido para tomar? - me dijo, sin siquiera sentarse
en la silla
- Ron con cocca - le dije de forma tímida y en voz baja
Ella misma fue hasta la barra, se le acerco al barman
amablemente y le dijo algo que no pude distinguir. Yo me sentía un poco
incomodo por la situación, pero era algo que tenia que hacer, o al menos eso me
repetía a mi mismo, una, y otra vez. Maria se acerco a la mesa con mi ron con
cocca y para ella se servio un vodka. Por lo poco que me acordaba, era una
mujer que le gustaba tomar alcohol.
- Bueno, me llamaste solo para verme, o vamos a hablar de
algo - lo dijo de una forma casi desafiante
- Disculpa, te llame para hablar de una persona que capaz
conoces - le había comentado un poco para que no se lleve una desilusión
- Si, algo me dijiste e intuía ¿Quien es esa persona tan
interesante que te mueve de tu casa y te trae hasta acá para verme? - Su voz
era decidida y firme, no titubeaba
- Ludmila Darleen, ¿La conocías?
- Si, me entere que se suicido, lo vi en las noticias y por
las redes sociales, me impacto al principio... pero no la conocía mucho, antes
estábamos relativamente mucho tiempo juntas en la universidad, pero ella se
empezó a apartar, también nos habíamos cruzado algunas veces en distintos
lugares. ¿Qué hay con ella?
- ¿Si?, te puedo preguntar ¿en que lugares la viste por
ultima vez? - sabía que no había ido en vano, alguna pista o algo podía sacar
de esta charla
- En fiestas de universidades, y la última en una casa de un
borracho que saco un arma sin balas y fingía que le disparaba a sus invitados,
un loco asqueroso realmente. Me acuerdo que estaba Ludmi con su novio. ¿Por qué
queres saber tanto?
- Connn.. ¿su novio? - No podía ser, no había ido a ninguna
fiesta con ella en la casa de un borracho que apuntaba con un arma a la gente,
me hubiera acordado al instante
- Si, un chico bastante lindo de la universidad, muchas
quisieras estar con él. No entiendo como una mujer tan linda se atreva a quitar
la vida, que desperdicio - se sentía que lo decía sinceramente pero con
desprecio
No pude soltar ni una sola palabra, si mis días venían en
picada ahora directamente estaban condenados a caer en un pozo a caída libre
con una roca de mil toneladas atada a mi espalda. Esto me estaba ayudando a responderme mis
preguntas sobre el amor con ella, de la manera más dolorosa e hiriente, pero de
alguna manera en fin. Igual seguía dispuesto a saber qué fue la que lo llevo a
quitarse la vida de esa manera, y no sabia si catalogar la opción de
infidelidad como una causante de la misma, tal vez, el tipo que estuvo con ella era el mismo que la prostituta me describió, faltaba una chica. Me levante para ir al baño a secarme las lagrimas, mojarme
la cara, y preguntarle sobre aquel tipo, y si ella estaba aquella noche a la salida del museo. La
estaba pasando fatal, pero el misterio de su muerte era lo único que me quedaba
en la vida, la única razón por la cual me levantaba a la mañana, y no estaba en mis planes quebrarme emocionalmente y abandonar todo esto.
