miércoles, 18 de octubre de 2017

Capítulo 12

Hola, de nuevo. Han pasado varios días y me he puesto a reflexionar si extraño a Ludmila por un mero acto de egoísmo, o si en verdad se me hace indispensable una vida sin ella. Es decir, si estoy enamorado de ella, o estoy enamorado de mi cuando estaba con ella. Si cada lágrima que derramé y sigo derramando fue por su partida, o fue por el hecho de dejarme sólo cuando me sentía a gusto con la monotonía de su presencia. Son pensamientos fríos que el tiempo me ha puesto en el camino y no he sabido esquivar. De esa forma gasto - o malgasto - mi tiempo... pensando, pensando y pensando. Me esta poniendo realmente enfermo todo esto. Lo sé, no te hablado en mucho tiempo y te vengo con estos planteos, tomate tu tiempo para digerirlos, te espero.

Por otra parte, ella fingió durante los últimos meses - o tal vez, años - ser feliz, y de querer encontrarle el lado bueno a las mínimas cosas. Ella también fue egoísta si somos críticamente justos, sé que mis palabras ahora mismo parecieran las mismas de un robot de marca nipona más que de una persona, pero supongo que es porque estoy creciendo como persona, o simplemente soy un tipo muy angustiado... vos me dirás. Algo tengo claro, y es que la extraño, ella poseía de esas personalidades que se penetran en uno y son capaces de lograr maravillas... o destrucción, según sus valores y ética. Ludmi, era de las primeras, sin dudarlo. Podía manipular a su antojo a quien quisiera, aunque manipular tenga connotaciones negativa en muchas personas, cuando puede ser algo perfectamente positivo también. Me gustaba comparar esa palabra con el sabor preferido de ella, el "pistacho". Todavía sigo sosteniendo de que es un sabor horrible igual.

Pensé en aquella noche en el bar triste, sucio y oloriento que solía frecuentar los jueves, esa misma noche que había tenido sexo con una total desconocida, el causante que desencadeno que me cuestione sobre lealtad y amor a Ludmila. Estaba dispuesto a llamar a aquella chica para preguntarle que tanto la conocía a ella y ver si podía responderme algunas inquietudes, aunque de por sí, ver su nombre en la agenda del celular "Maria" significaba un dolor punzante en mi estomago, no quería imaginarme el verle la cara de nuevo, claro, todo esto si se acordaba de mi y estaba dispuesta a reencontrarnos. Al cuarto intento pude contactar con ella, que al parecer estaba igual de sorprendida que yo por el llamado, no me reconoció hasta detallarle aquella vergonzosa noche de helada máxima en aquel bar. Sonaba cortante al saber quien la llamaba pero accedió a verme, solo con la condición de que fuera esta noche, porque las demás por alguna razón se les complicaban. Quedamos en reunirnos a las nueve de la noche en la calle más recurrida e iluminada del centro, ubicación que cualquier turista interesado en esta ciudad le recomendarían ir.

Busque ropa que ponerme, tenia la misma desde hace un tiempo largo, parecía un dibujo de los años '90 cuando abren el placar y tienen la misma prenda repetida numerosamente. No buscaba impresionar a nadie, así que mucho no me importo. Prendí la ducha con la canilla caliente a más no poder, mi intención era que el intenso humo de vapor inunde el baño. Busque un reproductor de música para que me acompañe en la ducha, solía escuchar música alegre, pero mis últimos baños habían sido con "Radiohead" de fondo. Ya afeitado y limpio, me serví una taza de café, me termine de secar, me vestí y pedí un taxi. Podía ir caminando pero no me apetecía.

Le pague al chófer y me baje del taxi, no era un tipo muy amable. Eran las ocho y media, tenia algo de tiempo para ver que oferta cultural me ofrecía la noche de jueves. La música era la misma a lo largo y ancho de tres cuadras, no exagero, literalmente la misma. Entre tanta gente y conversaciones, ruidos y melodías repetidas, pude distinguir un piano que sonaba hermosamente bien, a cada tecla que presionaba su artista me acercaba un paso más a su interpretación. Por lo que pude percibir se trataba de las obras del talentosisimo Frédéric Chopin. Conocía su música debido a mis padres, que por causa del mito de poner música elegante y clásica a sus hijos en la panza, su desatollo intelectual aumentaría mágicamente antes de ser concebido, cosa que es totalmente falsa y hasta cierto punto estúpida, pero gracias a ese mito, mis padres se encariñaron con sus obras y me la legaron.

Di con el paradero del lugar, no parecía muy elegante como su música, pero quería entrar a comprobarlo por mi mismo. Antes llame a Maria para ver si estaba de acuerdo con aquel lugar, no quería ser pretencioso - aunque lo estuviera siendo - a nadie les agrada los pretenciosos. Ella acepto de una forma no muy convencida. Le comente de ir a otro lugar si quería, sabiendo que mis ánimos no estaban para ninguna música festiva tal cual como mis duchas. Al entrar era un salón bastante oscuro, pero mucho más elegante que su exterior. Visualice una mesa cerca del pianista, quería estar lo más cerca posible de sus excelentes interpretaciones, le pregunte a la moza si me podía acercar una cerveza a la mesa más próxima del piano, lo que me afirmo con su cabeza, así pude saber que no estaba reservada ni nada por el estilo. Me senté y toda la atención y concentración fue dirigida a los dedos que acariciaban las teclas blancas y negras del piano, sonaba perfecto, mi cabeza estaba en paz. La vibración de mi celular casi entorpece la melodía, atendí con voz muy baja, era Maria diciéndome que estaba afuera, que conocía un lugar mejor que ir. Me parecía una falta de respeto retirarme antes de que el habilidoso hombre terminara sus interpretaciones, pero tenia que hablar con ella si o si. Tome la cerveza en tiempo récord, pague de inmediato, y mediante un gesto de cabeza intente saludar al pianista que obviamente no me vio.

Me acordaba muy poco de su cara, pero sabía que era ella, nos saludamos de manera incomoda y me propuso ir un bar de un conocido de ella calle abajo. Estaba vestida de forma provocativa y sin mentir le quedaba muy bien. No hablamos, ni nos miramos hasta llegar al bar, que estéticamente era más lindo que el anterior, pero muchísimo menos interesante. Saludó a un grupo de personas y subimos unas escaleras hasta una mesa que parecía reservada para nosotros.

- ¿Qué te pido para tomar? - me dijo, sin siquiera sentarse en la silla

- Ron con cocca - le dije de forma tímida y en voz baja

Ella misma fue hasta la barra, se le acerco al barman amablemente y le dijo algo que no pude distinguir. Yo me sentía un poco incomodo por la situación, pero era algo que tenia que hacer, o al menos eso me repetía a mi mismo, una, y otra vez. Maria se acerco a la mesa con mi ron con cocca y para ella se servio un vodka. Por lo poco que me acordaba, era una mujer que le gustaba tomar alcohol.

- Bueno, me llamaste solo para verme, o vamos a hablar de algo - lo dijo de una forma casi desafiante

- Disculpa, te llame para hablar de una persona que capaz conoces - le había comentado un poco para que no se lleve una desilusión 

- Si, algo me dijiste e intuía ¿Quien es esa persona tan interesante que te mueve de tu casa y te trae hasta acá para verme? - Su voz era decidida y firme, no titubeaba

- Ludmila Darleen, ¿La conocías? 

- Si, me entere que se suicido, lo vi en las noticias y por las redes sociales, me impacto al principio... pero no la conocía mucho, antes estábamos relativamente mucho tiempo juntas en la universidad, pero ella se empezó a apartar, también nos habíamos cruzado algunas veces en distintos lugares. ¿Qué hay con ella?

- ¿Si?, te puedo preguntar ¿en que lugares la viste por ultima vez? - sabía que no había ido en vano, alguna pista o algo podía sacar de esta charla

- En fiestas de universidades, y la última en una casa de un borracho que saco un arma sin balas y fingía que le disparaba a sus invitados, un loco asqueroso realmente. Me acuerdo que estaba Ludmi con su novio. ¿Por qué queres saber tanto?

- Connn.. ¿su novio? - No podía ser, no había ido a ninguna fiesta con ella en la casa de un borracho que apuntaba con un arma a la gente, me hubiera acordado al instante

- Si, un chico bastante lindo de la universidad, muchas quisieras estar con él. No entiendo como una mujer tan linda se atreva a quitar la vida, que desperdicio - se sentía que lo decía sinceramente pero con desprecio

No pude soltar ni una sola palabra, si mis días venían en picada ahora directamente estaban condenados a caer en un pozo a caída libre con una roca de mil toneladas atada a mi espalda. Esto me estaba ayudando a responderme mis preguntas sobre el amor con ella, de la manera más dolorosa e hiriente, pero de alguna manera en fin. Igual seguía dispuesto a saber qué fue la que lo llevo a quitarse la vida de esa manera, y no sabia si catalogar la opción de infidelidad como una causante de la misma, tal vez, el tipo que estuvo con ella era el mismo que la prostituta me describió, faltaba una chica. Me levante para ir al baño a secarme las lagrimas, mojarme la cara, y preguntarle sobre aquel tipo, y si ella estaba aquella noche a la salida del museo. La estaba pasando fatal, pero el misterio de su muerte era lo único que me quedaba en la vida, la única razón por la cual me levantaba a la mañana, y no estaba en mis planes quebrarme emocionalmente y abandonar todo esto.




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