lunes, 9 de marzo de 2020

Penumbra

La penumbra, su letal enemiga, lo instiga a desmantelarse durante largos períodos introspectivos. Por suerte —o por falta de la misma—, su cuerpo consumido se regenera cada mañana como la del general en su laberinto. Los sentidos ya entumecidos lagrimean a cada copa de vino, y las risas contagiosas apuñalan desde el rincón de algún lugar perdido. De personas que sonríen famélicas de vida y obesas de drogas sintéticas, donde el espejo les devuelve histeria, miedo y algo parecido al odio. A su vez, de fondo suena la banda sonora de una historia antigua, podrida y sepultada, mientras la brillantez se atasca a cada sorbo por demás innecesario. Golpeados de afecto y anestesiados de razón, vomitan desde el interior de las entrañas recuerdos felices que equivocadamente invocan mediante el fondo blanco de una botella de plástico recortada. El aquí y ahora se esfuma como la estabilidad de unas piernas endebles, temblorosas, y la sordera que desinhibe al más duro cemento, que suplica por su propia vida pero que no sabe cómo ponerlo en palabras. Nuevas marcas de ropa que visitan el suelo de tanto en tanto y, de costado, abren paso personas indiferentes al dolor ajeno, cegados y negados a estirar la mano. Del cielo invade la noche, invitando al banquete a gente que no sabe lo que quiere, desnuda de conocimiento y abrigada hasta el cuello de prejuicios. Por suerte, la música amiga que siempre tranquiliza acaricia el alma con tanta violencia que los vellos del brazo se manifiestan con la delicadeza y genuinidad de la cual no se toman descanso hasta que el placer se asila a cada tono roto de Charly García. Queda poco para que se haga de día y el viaje es cuesta arriba. El cuerpo tendido, moribundo, se traslada sostenido por una dama con una fragancia a marihuana y aliento a bebida blanca. La billetera vacía, la mente intranquila y los demonios intactos, observando de cerca un nuevo acto frustrado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario