El azul es más rojo, el pantalón apareció como remera, las cosquillas: el infierno, y las risas, miradas. La noche fue clara y los pájaros cantaron temprano. La pelota no rodó y los insultos se multiplicaron por un número imaginario.
Pasos y cansancio van de la mano, saltos y fuertes impactos. Tardes que dan para todo: sentarse en un sillón y tomar del vaso más pequeño el líquido fuerte que, justamente, su valor y efectos lo condenaron a servirse en pequeñas cantidades.
Te escucho, pero hablás como si me tuvieras al lado y estás en otro mambo.
Nubes violetas en cielos negros y pavimentos amarillos. Maquillaje para conocer lo que tu cara nunca va a ver, pero el pálido rostro camuflado, intruso de tu lado no amigable, supo entrar y contar intimidades del objeto más afable.
Autos dirigiéndose a su autodestrucción, conductores inmaduros apostando a un todo, seduciendo a jóvenes donde el temor se repiquetea en las cuatro paredes de sus cabezas, las ganas de ser alguien y, no te olvides, del reconocimiento.
A toda su creatividad sumale lo llano de la competencia. Fácil fue ganarse un reconocimiento entre tantas letras sin sentido y sentimiento.

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