viernes, 28 de diciembre de 2012
Contó los días esperando que su cuerpo sea lo suficiente madura para dejar de soportar ideas, creencias y ordenes al cual ella no precisamente compartía con su familia, ni nunca lo haría. La menor de cuatro hermanas fácilmente manipulables desde comienzo de conciencia, eso fue el primer paso para que aquella oveja negra sienta las paredes creadas especialmente para su "protección" en un infierno cotidiano e insoportable. Como ya saben es una nena que piensa por si misma, y con los materiales naranjas luchaba para que se vuelvan amarillos, aunque para los seis restantes era obviamente anaranjado, muy naranja, no hay espacio para otro color en esa casa. Los cuentos de su abuelo la ayudaba a despabilarse por unas cuantas horas, él era el único que la entendía, y ella a su vez el que más quería. Para nosotros los abuelos son mejores personas que los padres, en casi todo... en cocina no hay dudas, bueno, por lo menos no entran dudas para mí (no viene al caso, esta no es mí historia). Creció en su mentira mental donde los años se cumplían de a cuatro pero si soportaba ese peso que se asumía, no era una simple charlatana de palabras gruesas, y el porte le daba para lo que estaba soltando. Soñaba con ver las lagrimas lentamente subiendo por su mejilla y no bajando por sus ojos empapados, deseaba que la curva de su sonrisa vaya en aumento y no en descenso como todos los días, rezaba por ser libre y cueste lo que cueste la obtendría.
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