miércoles, 2 de enero de 2013
- Esta vez no me voy a confundir lo que siento, voy a apagar la música
para estar al cien por siento de saber que mí piel cambia por verte, y
no por la gloriosa melodía que generan The Beatles - dijo Emilia
acostada casi en las alturas de la rodilla de Mateo. Los dos estaban
solos en casa de Emilia, sus padres llegaron al acuerdo de irse de viaje
por una semana al lugar que apunte su dedo en el mapa (si, tenían plata)
- Qué estas hablando? leíste a Shakeaspeare antes de ponerte eso en tus oídos - ríe - da igual, ahora quiero ver tu piel - levantándose de la posición que se encontraban, Emi se abrazo a sí misma no dejando ver sus
sentimientos, se fijo en su brazo con la manga arremangada y noto el
cambio, noto el maldito cambio de pasar a tener "piel normal" a "piel de
gallina". Se levanto de la cama para buscar algo de comida - Queres
algo para comer? - pregunto con algo de vergüenza - Bueno, un café estaría bien - aunque estaba caluroso a Mateo siempre le venia bien un café por la tarde. El maldito cambio de piel lo llamaba así porque Mateo
nunca fue un chico estable, tenia fama de mujeriego y drogadicto (lo
era) estaba segura y consciente de la cantidad de lagrimas a derramar por
el pequeño infeliz. Preparo el café como a ella le gustaba, lo sirvió en dos tazas y fue para su cama. Él estaba sentado mirando fijamente la
mesita de luz, sacó una bolsita blanca y preparo dos líneas - Deja el café por ahí, lo voy a dejar de postre, ahora quiero el plato principal - se
empolvo la nariz y parecía estar alegre por ello - te preparo una a vos
mí amor? - Ese fue el momento donde Emi entro en dudas, sabia que lo
amaba y tenia miedo al rechazo por no alterar sus sentidos por unas
horas - de acuerdo - dijo, pero esta vez con miedo - pero una que sea
chica por favor, es la primera vez que pruebo esto - y así fue, la nariz
de ella estaba completamente blanca y sentía un pequeño dolor, pero el
dolor más fuerte lo sentía en el pecho donde algunos creen que nace la
culpa - Y... qué te pareció? - - No lo sé, todavía - faltaría unos
momentos para que el efecto se adueñe del cuerpo, mientras tanto bebían el café ya casi frió Cuando la ultima gota de la taza se deslizo por su
garganta, se dio cuenta que le tenia paralizada, dio media vuelta para
ver a Mateo y noto todos sus movimientos bruscos como si el alma fuera
más pesada que la de los demás. Lo miro con una vista ida y apagada -
Tengo miedo - las imágenes de sus padres se proyectaban en la retina, en
los momentos dulces cuando era una simple niña corriendo sin entender
al mundo, pensando que toda gente es buena y que nadie seria capaz de lastimara. También pudo ver a su difunda abuela aconsejándola, la
imagen era tan viva que sentía el contacto de piel. La mente le estaba
jugando una mala pasada y todo lo bueno, en sus 18 años, parecía destruirse, solo tuvo fuerzas para decir - Dios, que hice... -
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