Decidí caminar la vuelta a casa, en realidad no es mucho, son unas 15 cuadras que me separaban del baño donde deje mi dignidad, a mi desordenada morada. Intentaba coordinar los pasos, en un acto fallido tras otro. No me preocupaba caerme en ese instante y dañarme, tenia mi cabeza bastante ocupada con lo que había pasado hace unos instante, y de como le falle, una vez más, a Ludmila.
- Por una tal María - me reprochaba en voz baja. De mi boca salía un vapor por el aire helado que aún seguía vigente.
Me encontraba a dos casas de la mía cuando se me subió todo lo que había tomado del estomago hacia mi garganta, no me importaba si algunos de mis vecinos estuvieran viéndome por algún lado, porque sabía que me ubicaba en una zona donde la mayoría eran ancianos y su única responsabilidad era la de regar sus jardines a horas descomunales, pero con el frió que hacia, ni que Dios le hubiera tocado el hombro para levantaros lo hubieran hecho - pongo a un ser supremo como ejemplo nada más, no voy a volver a hablar de mi ateísmo en lo que resta de la historia - . Ya en casa me dispuse a dormirme, cosa que no podía concretar por lo mareado, y por los pensamientos que me apuñalaban la mente. No paraba de preguntarme - ¿Con qué necesidad?, ¿Por qué hizo eso? - una incógnita que no podía responderme.
Cuando me di cuenta ya era de mediodía, estaría faltando al trabajo si es que no me hubieran echado. Las razones por las que me despidieron eran porque me quedaba dormido en la silla de mi escritorio, lo que pasa es que durante la noche no podía pegar un solo ojo mientras imaginaba situaciones absurdas, y sacaba conclusiones, mientras apoyada la cabeza cómodamente en mi almohada. Mi trabajo no era uno aburrido, escribía reseñas de espectáculos en una revista bastante conocida llamada "De ésto se habla hoy" y por más absurdo que suene, en realidad las personas hablaban de "eso" durante lo largo del día, siempre desconfié de la inteligencia de la gente, no es que yo sea Einstein, pero cada vez me llegan a sorprender más. Principalmente escribía sobre estrenos de cine, eso no ayudaba mucho a que pueda seguir despierto, ya que la industria del séptimo arte parece caerse a picadas, y no me extraña, las buenas ideas ya han sido plasmadas en otras obras, hay que ser muy creativo hoy en día para hacer un buen film con todas las letras. Mí jefe mediante palabras cambiadas me quería hacer entender que escriba una sola reseña positiva, cosa que no me desesperaba elaborar, vamos, soy critico, hay una frase bastante acertada de la película "Birdman" de Michael Keaton que dice así - ¿Qué tiene que suceder en la vida de alguien para convertirse en crítico? - obviamente que lo pregunta en forma despectiva y retorica, pero extrañamente tiene razón.
Me levante de la cama, todavía seguía algo mareado, fui a mi armario y busque una camisa limpia blanca para ir al centro, en mi heladera sólo había un durazno podrido, y mis tripas corrían en Formula uno dentro mio. Antes de vestirme me bañe con agua helada, la puse tan fría que hasta incluso costaba respirar, pero no importaba, todo para que se me vaya de una vez la maldita curda.
No tengo auto por lo que llamé a un taxi, casi prometiéndome me dijeron que el coche vendria a buscarme en 10 minutos, cosa que decidi no creerle, y al final tuve razón, tardó unos veintiocho o más minutos.
- ¿Qué tal la mañana?, ¿Mucho trabajo? - le pregunte al taxista que parecía dormido
- Bien, no - me respondió muy a secas.
Me alegró saber que no era muy hablador, eso que parece imposible siendo taxista, todos te quieren contar sus historias de putañeria, o de lo "vivo" que son.
-¿Para dónde lo llevo jefe? - me había olvidado totalmente de darle una dirección.
- Disculpe, a "Cibo", por favor - fue el primer lugar que se me vino a la mente, con el hambre que tenia no me importaba mucho el lugar.
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