Perdón por no hablarte en meses, me tomó tiempo darme cuenta que le estoy hablando a nadie, o mejor dicho a un producto de mi cabeza y mala época. La última vez que conversamos sufrí ataques de pánico, ¿Te ha pasado? es horrible, el corazón se te acelera, sentís sensaciones de miedo, desesperación, adrenalina, sentimientos licuados y esparcidos por todo el cuerpo de golpe y sin aviso. He intentado volver a una vida normal sin éxito a la vista. Lo que me dijo esa pobre niña sobre la vez que vio a Ludmi no me ha dejado respirar. ¿Con quién iba acompañada?. Ahora trabajo desde casa, parece que le hicieron llegar algún rumor a mi jefe y se apiado de mi. Le envió artículos de cuarta por email y amablemente me los retribuye. En un mundo justo no tendría porque hacerlo, lo digo de verdad. No he salido de mi cuarto en semanas, no tengo ganas de bañarme, ni vestirme, duermo poco y como mal, tengo miedo de verme en el espejo. Lo sé, necesito ayuda, siempre la necesite, tal vez por eso te creé en mi subconsciente, no podes juzgarme ni enfrentarme porque no tenes voz propia, lo que te convierte en mi vía de escape. No quiero herir tus sentimientos - que asumo no tenes-, pero no me has servido de gran ayuda. Es tiempo de hablar con alguien que pueda llegar a entenderme, tengo dos grandes opciones: 1 - Un viejo compañero de facultad llamado Eduardo y 2- Analía, una chica que no recuerdo cómo, ni dónde nos conocimos, pero agradezco el haberlo hecho.
La primera opción es un tipo que parece tener la respuesta indicada a todo. A cada pregunta que soltaba - importante o no - él tenia una respuesta fundamentada y precisa. Siempre simulaba estar interesado en mis cosas, y muy raramente - o nunca - me contaba de las suyas. Sé que jamás le importe, pero de verdad daba muy buenos consejos. Cada vez que nos veíamos era con un ron en la mano.
La segunda opción es una chica soñadora pero con los pies bien plantados en la tierra, su empatía me daba una cierta confianza a mostrarme sin ser juzgado, y sus consejos eran tan buenos como los de Eduardo, incluso diría que mejor porque no se sentían arrogantes como los de él. El problema era que hacia mucho no nos veíamos, y no sabría si tiene, y quiere, compartir tiempo conmigo. Menos en el estado en el que me hallaba.
Fui en orden y marque el numero de la primera opción, según sus palabras estaba "encantado" de que nos veamos. Como siempre ya tenia un lugar, y una hora designada. Nos íbamos a reunir en un café restaurant donde tocan bandas en vivo de jazz - según él su música preferida -, lo que me obligaba a levantarme de la cama, vestirme, bañarme, y verme en el espejo. A duras penas ya estaba listo para despedirme de mi casa. Me puse una remera blanca con una estampa de una foto icónica de Sophie Scholl, una campera fina de jean celeste, unos chupines negros, y unas zapatillas tipo botas. No tenia ni idea de como estaría el clima, ya que nunca cambio en meses para mí. Debatí momentáneamente si llevarme una campera abrigada - la cual no lleve -. Fiel a mi estilo, fui caminando al café, que precisamente no quedaba cerca. Durante el trayecto un grupo de seis o siete jóvenes borrachos me insultaron sin motivos aparentes, hice oídos sordos, no estaba dispuesto a pelear, no tenia las fuerzas suficiente ni para levantar el puño, solamente me digne a acelerar el paso, estaba haciendo mucho frió -consejo -, siempre que dudes lleva la campera, hoy lo aprendí.
Ya en el café, que tenia una forma cilíndrica, y era bastante elegante, me senté en la barra, no habíamos reservado mesas, no me molestaba tampoco. Eduardo todavía no aparecía, algo que sabia de antemano porque es narcisista, aún más que Taiel. En el escenario estaban haciendo un cover del tema "Moanin'" de Charles Mingus. Parecían ser estupendos músicos, menos el trompetista que iba a destiempo con los demás. La verdad que es una pena, es como ver algo precioso pero con una manchita de mugre que no se le puede sacar. Me pedí un ron suponiendo que mi compañero ya estaba por venir, y así fue. Nos saludamos con un apretón de manos, a ninguno de los dos nos gustaba abrazar, me hundió el hombro con la mano grande que tenia, y me invito a sentarme donde yo ya estaba sentado. Muy sonriente se pidió dos vasos de ron que estaba dispuesto a tomárselos de una. Le intente contar sobre Ludmila pero estaba centrado en la banda, repetía de tanto en tanto - me encanta - para ser melómano tenia un oído terrible, y yo no podía parar de pensar que esas trompetas arruinaban todo. A todo esto, él ya había tomado cuatro rones y yo recién estaba por el primero, mencione la banda y use la palabra "cover" lo que se disgusto mucho porque es puritano y melómano. Al final se fue con una mujer, lo que me hizo suponer y pensar que habíamos quedado en el café solo por ella, nunca le importe, repito que lo tenia bien en claro, pero esta vez no soltó ni una palabra, ni mencionar un consejo, que era únicamente lo que esperaba. A los gritos me dijo - un gusto verte de nuevo -. No sé por que tengo como opción a este tipo, debería replantearme mis prioridades.
Me quede un tiempo escuchando "Blue train" de John Coltrane cuando decidí llamar a Analía, no tenia muchas expectativas. Cuando uno no ve a otra persona en mucho tiempo se va olvidando y hasta puede resultar incomodo el verse nuevamente después de un largo periodo.
A mi sorpresa - y agrado - ella acepto reunirnos después de que saliera de su trabajo, el lugar esta vez lo propuse yo, un bar con una música fantástica que ambos admirábamos. No aguantaba ni un segundo más al trompetista, me estaba acuchillando el alma con cada soplido suyo. Di el ultimo vistazo al restaurant, noté que la mayoría de la gente era - o aparentaba -ser intelectual teniendo sus charlas profundas. Pedí un taxi y me fui directo al bar, me quedaba tiempo hasta que Analía haga su presencia.
El bar era menos elegante, pero por eso no peor que el Café-Restaurant. Tenia dos pisos, y en sus paredes se encontraban cuadros de influyentes del rock nacional e internacional. Pensándolo mejor tuvo que ser mi primera opción, pero yo y mis decisiones acertadas nunca vamos a estar de acuerdo. Por suerte la gente escaseaba, sé que alguna vez te conté que me encantaba ver personas, pero justamente en estos meses no. Me pedí una cerveza, y le mande un mensaje a Analía en el lugar exacto donde estaba, así no me andaba buscando por todo el bar. La vi entrar con un libro entre las manos, al juzgar por la tapa - casi siempre se me daba bien - era el libro "El coronel no tiene quien le escriba" del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Nos saludamos con un abrazo natural y verdadero, los dos estábamos contentos de vernos. Le pregunte si el libro que sostenía era el mismo que pensaba, y me afirmo que estaba en lo correcto, le pedí que me lo prestara un segundo, estaba desgastado y remarcado, hojeándolo me fijé que una frase estaba subrayada "La vida es la cosa mejor que se ha inventado". Se dio cuenta de lo que leía y me comento - sin dudas, la vida es lo mejor que se ha inventado, pero la gran mayoría sólo la aprecia en los momentos culmines, y no todos los días... es una lástima - lo cual compartía, pero yo me identificaba con lo que ella llamaba "la mayoría". Hacia mucho tiempo que no tenia una buena conversación con alguien, en serio. Debatimos sobre la película "El gran truco", nos atribuimos personalidades del libro "Las ventajas de ser invisible" del escritor Stephen Chbosky, charlamos de música, y lo más interesante, hablamos de sueños durante horas. Analía era muy imaginativa, sus sueños pasaban de lo alegre a lo triste, de lo verídico a lo abstracto, de lo posible a lo imposible, en cuestión de segundos. Me contó una cantidad de sueños que en comparación a días yo diría que seria una semana, cuando - casi orquestado - sonó el tema "Hey Jude" de la mejor banda del mundo "The Beatles" no hacia falta decir ni una palabra, mutuamente sabíamos que era un temazo. Sus interesantes historias lograban que no piense en Ludmila, entre tantas noches de depresión por fin estaba teniendo una placentera para darme un respiro emocional. No sé porque desperdiciaba tiempo en hombres como Eduardo, y no escuchaba a personas como Analía. El tiempo pareció acelerarse muchísimo, en buena compañía todo es el doble de rápido, ella tenia que acostarse porque madrugaba, y yo tenia que volver a mi cama donde desataba una guerra interna contra mi, sin dudarlo planeaba volverla a ver dentro de poco.
lunes, 29 de mayo de 2017
lunes, 22 de mayo de 2017
Capítulo 10
No debía seguir siendo esquivo a la realidad, esa que en el escaso tiempo de meses había mutado de forma violenta, horrible y preocupante. La ciudad empequeñecía cada hora que la recorría, y los secretos que ocultaba ya estaban al descubierto ante mis caminatas nocturnas introspectivas de insomnio.
Nunca te conté la forma y el lugar exacto donde Ludmila entrego al completo su cuerpo - por primera vez siendo por completo sincera - y decidió callar su conciencia. Es momento de que hablé de esto con alguna persona, aunque esa persona sea un simple lector que no conozca, ni me conozca para nada. ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Existe verdaderamente ese lector? ¿Me estaré volviendo loco?.
Fue un miércoles de septiembre, y aunque suene irónico, a ella le encantaba los miércoles. En el desayuno, rozando la hora del almuerzo, se notaba animada y risueña. Todo indicaba a que iba a ser otro día de estrés laboral, de columnas insignificativas, de lidiar con estados de ánimos inaguantables para una persona que solo busca tranquilidad y espacio personal, de indagar acontecimientos intrascendentes con el mismo grado que Sherlock Holmes utilizaría su ciencia de la deducción, de satisfacer a jerarquías superiores a la de uno cambiando completamente de ideología y persiguiendo lo que el jefe denomina "el bien colectivo". En fin, otro día común sin sobresaltos. A mi ingenuidad, y mala percepción, ese miércoles no termino como creía que lo haría.
Yo tenia que ir al trabajo a las cuatros, mientras que ella actuaba como si fuera completamente feliz en su franco laboral - capaz que lo fue en ese preciso instante - vestía ropa comoda, detalladamente una remera blanca con un corazón, y un pijama rallado blanco y negro, sus dedos de los pies estaban al descubierto. Tal vez te olvidaste pero como cada día normal - y no tanto -, ella siempre escuchaba música. Por lo general era música depresiva, pero esto no era un factor a preocuparse si se la conocía bien. Ahora que lo pienso capaz eso paso, tal vez siempre tuve la ilusión que la conocía de pies a cabeza y realmente ni siquiera llegué a una aproximación de lo que en realidad era... perdón, me estoy yendo de vuelta, es complicado no hablarle a nadie, o no saber con quién estas hablando, deberías intentarlo. Algo sé. Definitivamente me estoy volviendo loco.
Recuerdo que subió el volumen en el tema "Heaven Knows I'm Miserable Now" de su banda preferida "The Smiths". Ahora que conozco el desenlace del día, me cuesta creer que cantara a gritos "Pero el cielo sabe que soy miserable ahora" - una parte que reza el tema - con una sonrisa de extremo a extremo. Estuve parado frente a una mujer que estaba viva y muerta en el mismo tiempo y espacio. Si pudiera volverla a ver, la abrazaría, besaría, y le diría que es mi Ludmila de Schrödinger. Rara vez nos poníamos de acuerdo en la hora del almuerzo, resulta que ella era vegetariana y yo un simple carnívoro. En alguna ocasión me contó su decisión de dejar de comer carne porque vio un documental de un matadero cuyas imágenes le apuñalo las tripas y la sien. Yo creo que también ayudo bastante a su elección alimenticia y personal el hecho de que Morrissey - su persona favorita en el mundo - también lo sea. El tema "Meat Is Murder" del disco con el mismo nombre era lo que consideraba su "himno personal". Decía que llevaba tatuada la frase "Esta hermosa criatura debe morir. Una muerte sin razón. Y la muerte sin razón es asesinato" aunque de verdad no la tenia penetrada en tinta en su piel.
Comimos pizza congelada, nada agradable para la vista, gusto y estomago. Mientras me preparaba para ir al trabajo. No es que tenia que cumplir con un uniforme o pautas de como lucir, pero me preparaba mentalmente a batallarme con personas narcisistas y sociopatas, según una investigación estadounidense, la profesión que ejercía se encontraba en el sexto puesto de estas gentes frías y calculadoras. Ludmila parecía más despeinada causado por los saltos que daba por toda la casa, es increíble como a alguien le puede gustar demasiado un día de la semana, y específicamente no es un típico viernes o sábado que la mayoria esperan.
Me dijo que no fuera al trabajo y que tengamos sexo por cada rincón de la casa - no es que hubieran muchos rincones igual -. Estaba realmente hermosa, nada de maquillaje que tape y corrija lo que ella no le gustaba de su cara. Ninguna ropa ostentosa, ni dolorosa para verse más delgada o alta. Era perfecta con sus imperfecciones. Repito que nunca fui bueno con las decisiones y opte por el trabajo prometiendole que a la noche volvería a casa con un vino y su gusto de helado preferido. Pareció o fingió entenderme mientras me acomodaba el pelo -en verdad me lo desparramaba con su mano, esa era su forma de peinar -. Atravesando la puerta me recordó que no haga planes para la noche, y que traiga el vino, le dije que seguramente no me salia nada mejor que hacer - en forma de broma - y sonriente me dijo nos vemos. Así fue, pero solamente fui yo quien volvió a verla.
En mi oficina de trabajo, ya sentado en la desgastada silla que la empresa me prestaba semanalmente, algo que había dicho Ludmi daba vueltas en mi cabeza, lo cuál con un poco de elaboración podía ser mi nueva columna. Se me permitía salirme un poco de las normas y reglas de la empresa "De ésto se habla hoy" por las criticas positivas a mis artículos, y de forma de "agradecimiento" mi jefe me daba permiso a darme algo más de vuelo, los únicos que teníamos ese falso privilegio eramos yo, y Fabiana. Mi jefe en realidad no es una mala persona, y parece preocuparse por sus empleados, mejor cambio la palabra "preocuparse" con "interesarse" pero en mis tiempo libres no sería una persona con la cuál me tomaría una cerveza y le contaría mis cosas, es decir, no gastaría ni un minuto de mi vida si no dependiera de él para subsistir.
Lo que parecía rondar en mi mente era que Ludmi me había dicho al terminar el libro que le regalé "Touching from a distance" que sentía una mezcla de alegría y enojo, de estar vacía y llena, de estar contenta y triste. Qué no sabia como describirse en ese instante, pero que buscaría la palabra perfecta para describirlo. Comencé a tratar de encontrar esa palabra que fuera adecuada, cuando me di cuenta que tenia un articulo a la mitad, y que mi presencia ya no era obligatoria en el medio de comunicación.
Compre vino tinto y deje por último al helado así no se derretía, su gusto era pistachio, uno al que todos - o casi - odian. Ludmi estaba convencida de que tenia mala "prensa" por eso a muy pocos les gusta, lo describía algo similar a lo que pasa con las personas y los gatos. Pero siéndote sincero, es el gusto de helado que ni siquiera pondría en mi lista.
Con mi mano derecha saqué las llaves de mi bolsillo, no sabia que me esperaba el infierno del otro lado. Todas las luces estaban apagadas, y del living provenía una música excesivamente alta que se llegaba a apreciar desde fuera de casa. Lo que se escuchaba era el disco "Viva Hate" seguramente ya se dan una idea de quién puede ser. Con voz proyectada repetía su nombre, y lo que me contestaba era solo las melodías que salían del equipo de música. Sentía que algo andaba mal, fue solamente esa vez donde mi percepción no me fallo... por desgracia. Al prender la luz de la cocina vi el cuerpo de Ludmila abrazada a sangre espesa y de un color más a negro que a rojo como lo muestran en las películas. Llevaba puesto un vestido negro que escasamente usaba, y al lado de su cuerpo estático un arma que no había visto en mi vida, ni siquiera sabia que ella tenia una. Mis gritos de desesperación callaron la música, y los abrazos que le di a Ludmi serían la pesadilla de cualquier forense que te obligan a no tocar nada. Estaba atónito, incrédulo, triste y enojado - aunque el último sentimiento te lo puede decir ahora que estoy pensando en frió - Ella seguía luciendo esplendida como si se tratara de un tributo a Evelyn McHale, una joven de 23 años protagonista de la foto titulada "El suicidio más hermoso del mundo" Es fácil atribuirle semejante nombre cuando la que no esta "posando" para la foto no es un ser querido. Por hoy te conté mucho, necesito acostarme y no pensar en nada, gracias por escucharme o leerme, Necesitaba esto.
Nunca te conté la forma y el lugar exacto donde Ludmila entrego al completo su cuerpo - por primera vez siendo por completo sincera - y decidió callar su conciencia. Es momento de que hablé de esto con alguna persona, aunque esa persona sea un simple lector que no conozca, ni me conozca para nada. ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Existe verdaderamente ese lector? ¿Me estaré volviendo loco?.
Fue un miércoles de septiembre, y aunque suene irónico, a ella le encantaba los miércoles. En el desayuno, rozando la hora del almuerzo, se notaba animada y risueña. Todo indicaba a que iba a ser otro día de estrés laboral, de columnas insignificativas, de lidiar con estados de ánimos inaguantables para una persona que solo busca tranquilidad y espacio personal, de indagar acontecimientos intrascendentes con el mismo grado que Sherlock Holmes utilizaría su ciencia de la deducción, de satisfacer a jerarquías superiores a la de uno cambiando completamente de ideología y persiguiendo lo que el jefe denomina "el bien colectivo". En fin, otro día común sin sobresaltos. A mi ingenuidad, y mala percepción, ese miércoles no termino como creía que lo haría.
Yo tenia que ir al trabajo a las cuatros, mientras que ella actuaba como si fuera completamente feliz en su franco laboral - capaz que lo fue en ese preciso instante - vestía ropa comoda, detalladamente una remera blanca con un corazón, y un pijama rallado blanco y negro, sus dedos de los pies estaban al descubierto. Tal vez te olvidaste pero como cada día normal - y no tanto -, ella siempre escuchaba música. Por lo general era música depresiva, pero esto no era un factor a preocuparse si se la conocía bien. Ahora que lo pienso capaz eso paso, tal vez siempre tuve la ilusión que la conocía de pies a cabeza y realmente ni siquiera llegué a una aproximación de lo que en realidad era... perdón, me estoy yendo de vuelta, es complicado no hablarle a nadie, o no saber con quién estas hablando, deberías intentarlo. Algo sé. Definitivamente me estoy volviendo loco.
Recuerdo que subió el volumen en el tema "Heaven Knows I'm Miserable Now" de su banda preferida "The Smiths". Ahora que conozco el desenlace del día, me cuesta creer que cantara a gritos "Pero el cielo sabe que soy miserable ahora" - una parte que reza el tema - con una sonrisa de extremo a extremo. Estuve parado frente a una mujer que estaba viva y muerta en el mismo tiempo y espacio. Si pudiera volverla a ver, la abrazaría, besaría, y le diría que es mi Ludmila de Schrödinger. Rara vez nos poníamos de acuerdo en la hora del almuerzo, resulta que ella era vegetariana y yo un simple carnívoro. En alguna ocasión me contó su decisión de dejar de comer carne porque vio un documental de un matadero cuyas imágenes le apuñalo las tripas y la sien. Yo creo que también ayudo bastante a su elección alimenticia y personal el hecho de que Morrissey - su persona favorita en el mundo - también lo sea. El tema "Meat Is Murder" del disco con el mismo nombre era lo que consideraba su "himno personal". Decía que llevaba tatuada la frase "Esta hermosa criatura debe morir. Una muerte sin razón. Y la muerte sin razón es asesinato" aunque de verdad no la tenia penetrada en tinta en su piel.
Comimos pizza congelada, nada agradable para la vista, gusto y estomago. Mientras me preparaba para ir al trabajo. No es que tenia que cumplir con un uniforme o pautas de como lucir, pero me preparaba mentalmente a batallarme con personas narcisistas y sociopatas, según una investigación estadounidense, la profesión que ejercía se encontraba en el sexto puesto de estas gentes frías y calculadoras. Ludmila parecía más despeinada causado por los saltos que daba por toda la casa, es increíble como a alguien le puede gustar demasiado un día de la semana, y específicamente no es un típico viernes o sábado que la mayoria esperan.
Me dijo que no fuera al trabajo y que tengamos sexo por cada rincón de la casa - no es que hubieran muchos rincones igual -. Estaba realmente hermosa, nada de maquillaje que tape y corrija lo que ella no le gustaba de su cara. Ninguna ropa ostentosa, ni dolorosa para verse más delgada o alta. Era perfecta con sus imperfecciones. Repito que nunca fui bueno con las decisiones y opte por el trabajo prometiendole que a la noche volvería a casa con un vino y su gusto de helado preferido. Pareció o fingió entenderme mientras me acomodaba el pelo -en verdad me lo desparramaba con su mano, esa era su forma de peinar -. Atravesando la puerta me recordó que no haga planes para la noche, y que traiga el vino, le dije que seguramente no me salia nada mejor que hacer - en forma de broma - y sonriente me dijo nos vemos. Así fue, pero solamente fui yo quien volvió a verla.
En mi oficina de trabajo, ya sentado en la desgastada silla que la empresa me prestaba semanalmente, algo que había dicho Ludmi daba vueltas en mi cabeza, lo cuál con un poco de elaboración podía ser mi nueva columna. Se me permitía salirme un poco de las normas y reglas de la empresa "De ésto se habla hoy" por las criticas positivas a mis artículos, y de forma de "agradecimiento" mi jefe me daba permiso a darme algo más de vuelo, los únicos que teníamos ese falso privilegio eramos yo, y Fabiana. Mi jefe en realidad no es una mala persona, y parece preocuparse por sus empleados, mejor cambio la palabra "preocuparse" con "interesarse" pero en mis tiempo libres no sería una persona con la cuál me tomaría una cerveza y le contaría mis cosas, es decir, no gastaría ni un minuto de mi vida si no dependiera de él para subsistir.
Lo que parecía rondar en mi mente era que Ludmi me había dicho al terminar el libro que le regalé "Touching from a distance" que sentía una mezcla de alegría y enojo, de estar vacía y llena, de estar contenta y triste. Qué no sabia como describirse en ese instante, pero que buscaría la palabra perfecta para describirlo. Comencé a tratar de encontrar esa palabra que fuera adecuada, cuando me di cuenta que tenia un articulo a la mitad, y que mi presencia ya no era obligatoria en el medio de comunicación.
Compre vino tinto y deje por último al helado así no se derretía, su gusto era pistachio, uno al que todos - o casi - odian. Ludmi estaba convencida de que tenia mala "prensa" por eso a muy pocos les gusta, lo describía algo similar a lo que pasa con las personas y los gatos. Pero siéndote sincero, es el gusto de helado que ni siquiera pondría en mi lista.
Con mi mano derecha saqué las llaves de mi bolsillo, no sabia que me esperaba el infierno del otro lado. Todas las luces estaban apagadas, y del living provenía una música excesivamente alta que se llegaba a apreciar desde fuera de casa. Lo que se escuchaba era el disco "Viva Hate" seguramente ya se dan una idea de quién puede ser. Con voz proyectada repetía su nombre, y lo que me contestaba era solo las melodías que salían del equipo de música. Sentía que algo andaba mal, fue solamente esa vez donde mi percepción no me fallo... por desgracia. Al prender la luz de la cocina vi el cuerpo de Ludmila abrazada a sangre espesa y de un color más a negro que a rojo como lo muestran en las películas. Llevaba puesto un vestido negro que escasamente usaba, y al lado de su cuerpo estático un arma que no había visto en mi vida, ni siquiera sabia que ella tenia una. Mis gritos de desesperación callaron la música, y los abrazos que le di a Ludmi serían la pesadilla de cualquier forense que te obligan a no tocar nada. Estaba atónito, incrédulo, triste y enojado - aunque el último sentimiento te lo puede decir ahora que estoy pensando en frió - Ella seguía luciendo esplendida como si se tratara de un tributo a Evelyn McHale, una joven de 23 años protagonista de la foto titulada "El suicidio más hermoso del mundo" Es fácil atribuirle semejante nombre cuando la que no esta "posando" para la foto no es un ser querido. Por hoy te conté mucho, necesito acostarme y no pensar en nada, gracias por escucharme o leerme, Necesitaba esto.
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