martes, 21 de febrero de 2017

Capítulo 7

La ropa que llevaba puesta empezaba a destilar mal olor, si pudiera definirlo diría que era un aroma de alcohol barato, humo y sudor. Había quedado con Taeil - hermano de Ludmila - en encontrarnos a las 15 hs en el gran parque, lugar que él mismo designó ya que es una persona muy deportista, y excesivamente narcisista. Al decir verdad, se preocupaba mucho más que su hermana por su aspecto físico, no tengo idea si sigue llevando a cabo una rutina exhaustiva que realizaba de baños con jabón sin perfume, crema para el rostro "effaclar", gimnasio, y mascarillas - vaya a saber que función tiene-, pero hay una gran porcentaje de que si. Dieciséis horas del día se lo pasaba en el baño, más precisamente contemplándose frente al espejo. Todo lo contrario a mí, que a veces hasta le escapo al reflejo, no es porque sea feo, de verdad que no lo soy, sino porque no soy ese tipo de hombres que se acomodan el pelo a cada rato. Estaba hecho un desastre, aunque doliera, tenia que ir a mi departamento e imitar un poco el aseo de Taeil, también cambiarme la ropa que me incomodaba, además, sería una falta de respeto ir a un ambiente saludable y deportivo con olor a alcohol, de camisa y jean. Puedo ser un tanto seco, frió, irritable, borracho, pero no desubicado en cuanto a vestimenta se refiera, aunque no lo creas, tengo buen gusto para las prendas, no es que me desviva obtener la nueva "Vouge", o que este al tanto de la nueva modelo de "Glamour", menos que ese ambiente vació me interese, pero a menudo recibía elogios por lo que vestía. Uno de mis primeros artículos que escribí - me obligo mi jefe por ser el novato - para la pésima revista "De esto se habla hoy" era acerca de Cara Delevingne y como destrono a Kate Moss de lo más alto del modelaje. De lo peorsito y poco contribuyente que he escrito en toda mi vida. Fabi mi nueva "salvadora", me dejó la plata suficiente para tomarme un taxi, pero me autoconvencí de ir en micro, tenia tiempo suficiente para bañarme, cambiarme, y llegar a horario al compromiso con Taiel. Mis fundamentos para elegir el transporte más lento eran 1)- Ver a personas y 2)- Estar lo suficientemente sobrio para ir al departamento lo más ligero posible. Nunca tuve ningún problema en tomarme un colectivo, pero esperarlo siempre fue asqueroso, no creo que existan personas que piensen lo contrario. Nunca he escuchado a alguien decir <me encanta esperar al micro> o en su variante < la fila del banco/supermercado es larguísima, ¡que bueno!>, y lo que lo hacia potencialmente peor, no tenia auriculares para distraerme con música. Sólo una línea de colectivos iba para mi zona, y pongo las manos en fuego que debe ser la más lenta de todas. Después de casi una hora de espera, el micro por fin se digno a venir, la mayoría de los pasajeros eran de edad avanzada - te conté que vivía en una localidad para "abuelos" - pero pude notar entre tanto pelo blanco a una chica con un uniforme escolar lo que me sorprendió porque era sábado, y en la mayoría de los colegios no se asiste a clase, ahora tenia la duda si existe un colegio donde se dicten clases los sábados, o si realmente era sábado y no estaba perdido en el tiempo, o peor, loco. A simple vista me di cuenta que leía "El guardián entre el centeno" de  J. D. Salinger. Estaba muy seguro porque yo tenia el mismo, es decir, de la misma editorial. La novela de Salinger es entretenidisima a pesar de los muchos años de su publicación, podría adaptarse perfectamente a la actualidad. Trata sobre un adolescente de diecisiete años - al juzgar, la misma cantidad que la chica que lo leía - llamado Holden Caulfield que es echado de varias escuelas por su falta de responsabilidad, de interés en su futuro, y de afecto en las personas. Para su edad es muy inteligente, aunque se considera inmaduro, y muy perceptivo, lo que lo vuelve un personaje cínico. Mark David Chapman el asesino del brillante e inigualable John Lennon, antes de ser capturado por la policía por los cuatro tiros por la espalda que mató a Lennon, estaba leyendo - una vez más - ese libro, al parecer su favorito. Se me vino rápidamente otra pregunta a la cabeza, si la chica lo estaba leyendo por placer, o por simple obligación escolar, de todas formas estoy convencido de que le gustará. En fin, como te dije, me gusta ver gente, y mucho más si están leyendo. Tardé varios minutos en entrar a mi casa, sobrio se me hacia inmensamente complicado pasear por mi hogar, pero ya lo estaba superando, como un paciente en recuperación. Mi heladera estaba vacía porque siempre optaba por la opción de comer y hacer cosas afuera. El asunto era rápido y sencillo: baño,cambiarme, salir. Fue efímero, ya estaba en la calle de nuevo, tenia el pelo mojado, me puse una remera azul oscura, un corto negro, y unas zapatillas blancas, caminé hacia la otra cuadra donde había una parada de taxis. Entre lo que tarde en colectivo, armarme de valor, y taxi, ya estaba llegando muy sobre la hora, como sabrás odio esperar, por eso no quería tardar ni un minuto más de lo que habíamos quedado. Cuando llegué a la fuente, lugar donde me insistió en encontrarnos, él todavía no llegaba. Como buen narcisista solo se está preocupado por su persona, y los demás en sus pensamientos nunca estarán a su altura, por eso manejan todo a su necesidades y antojo. Se podía observar a un tipo de un buen porte viniendo hacia mi, era Taiel sin dudarlo, su rostro reflejaba tristeza y no era para menos, aunque se ame a si mismo estaba seguro que también a su hermana. Nos dimos un fuerte apretón de manos que termino en abrazo, raro dadas las escasas veces que nos habíamos abrazado en tres años.
- Lemuel tengo que contarte algo - su voz se entrecortaba - Ludmila me hizo prometerle que no te contara nada
- ¿Qué no me contaras qué Taiel? - lo dije casi gritando
- Ella a la salida del museo nacional en el evento de pinturas abstractas - dejó un silencio condenador, se notaba que no podía hablar - fue abusada sexualmente
- ¿Qué? ¿Cómo? - no podía creerlo, menos imaginarlo - ¡Sos idiota! ¿Cómo no me vas a decir eso? y ella... ¿Cómo no me lo contó? - de repente estaba enojado con todo el mundo, incluida Ludmila
- No sé... perdón - parecía sentirlo de verdad - ella me dijo que no fue para tanto, que si las cosas se complicaban acudiría a un psicólogo, me dijo eso entra tantas cosas. Pensé que sabía lo que hacia, y decidí respetar lo que prometí, perdóname
- No puedo creerlo, cómo no me va a contar algo así, no puedo creerlo - esas palabras se repetían en mi mente una, y otra, y otra vez - ¿No fue para tanto? ella te contó qué le - no quería hacer esa pregunta, no pude completarla que Taiel me contesto
- No, no me dijo nada, sólo que no fue para tanto, mejor ni saberlo ahora.
Tenia ganas de estar solo por lo que me aleje de Taiel sin saludarlo, lo único que quería hacer en ese momento era caminar sin rubro por todo el parque y tratar de despejarme.

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