lunes, 9 de marzo de 2020

Penumbra


La penumbra, su letal enemiga, lo instiga a desmantelase durante largos periodos introspectivos. Por suerte - o por falta de la misma - su cuerpo consumido se regenera cada mañana como la del general en su laberinto.
Los sentidos ya entumecidos lagrimean a cada copa de vino, y las risas contagiosas apuñalan desde el rincón de algún lugar perdido.
De personas que sonríen famélicas de vida, y obesas de drogas sintéticas, donde el espejo le devuelve histeria, miedo, y algo parecido al odio. A su vez de fondo suena la banda sonora de una historia antigua, podrida y sepultada, mientras la brillantes se atasca a cada sorbo por demás innecesario.
Golpeados de afecto y anestesiados de razón, vomitan desde el interior de las entrañas recuerdos felices que equivocadamente invocan mediante el fondo blanco de una botella de plástico recortada.
El aquí y ahora se esfuma como la estabilidad de unas piernas endebles, temblorosas, y la sordera que desinhibe al más duro cemento que suplica por su propia vida pero que no sabe cómo ponerlo en palabras.
Nuevas marcas de ropa que visitan el suelo de tanto en tanto, y de costado abren paso personas indiferentes al dolor ajeno, cegados y negados a estirar la mano.
Del cielo invade la noche invitando al banquete a gente que no sabe lo que quiere, desnudas de conocimiento y abrigadas hasta el cuello de prejuicios. Por suerte la música amiga que siempre tranquiliza, acaricia el alma con tanta violencia que los vellos del brazo se manifiestan con la delicadez genuinidad del cual no se toman descanso hasta que el placer se asila a cada tono roto de Charly García.
Queda poco para que se haga de día y el viaje es cuesta arriba, el cuerpo tendido moribundo se traslada sostenido por una dama con una fragancia a marihuana y aliento a bebida blanca. La billetera vacía, la mente intranquila, y los demonios intactos observando de cerca un nuevo acto frustrado.

jueves, 1 de febrero de 2018

Capítulo 13

Ya empapado en la mezcla de sudor y agua heleada de la canilla, me miré al espejo - al que le esquivaba tan solo por el reflejo que me devolvía - no me gustaba como me veía en este momento, pero eso no era motivo de encerrarme en la decadencia de escuchar música, y escribir sólo y para cuestiones de trabajo como lo había hecho unas semanas atrás, pensé. Salí del baño y fui a buscar directamente a mí acompañante que no se tomó la cortesía de esperarme, no me enoje, seguramente yo hubiera hecho lo mismo. Fui a la barra y me compre un vodka, hacía dos semanas que no me emborrachaba y no pensaba estirar el récord más tiempo. Me senté en una silla giratoria próxima a la barra, le pedí al bartender un poco de limón y sal, cerré los ojos, y sin pensármelo mucho, lo tomé de un sólo sorbo. No tardé en pedirme un segundo shock, esta vez sin limón ni sal. Me sentía asqueado, pero sobrio, pedí un tequila, no sabía muy bien cuál era la diferencia con el vodka pero quería cambiar de sabor, pero no lo note. Me paré para pagarle al barman y caí en la cuenta que poco podía mantenerme en pie, con mucha dificultad saqué mi billetera y salde mi deuda. No tenia ningún plan para la noche, había vuelto a recaer, y acostarme en mi cama a maquinar no me parecía una buena idea, incluso borracho.

Afuera seguía estando muy frió, aunque no lo sentía, me di cuenta de eso porque la gente iba bien abrigada. Caminé - o mejor dicho tambalee- tratando de encontar el lugar donde podía sentirme a gusto. En el trayecto se me acercaron tres tipos con unas pintas fatales, se notaba que estaban en situación de calle, me ofrecieron marihuana o la droga que pidiera. No sabía el contenido de lo que iba a fumar, pero estaba dispuesto a hacerlo. La ultima vez que había fumado fue con Eduardo en el prado de nuestra facultad, eran de su propia cosecha y olían realmente bien, me acuerdo que no paró de hablar del libro "El príncipe", de Maquiavelo, repetía una y otra vez recordándome "Para aprender que la gente que no tiene el poder hará todo lo posible por adquirirlo, y la gente que lo tiene hará todo lo posible por mantenerlo" sigo sosteniendo que es un tipo muy inteligente, pero difícil de llevar.

Compré uno suelto, ya estaba muy borracho y el sentido del juicio razonable se me estaba nublando. Fui a un kiosco, pedí lillos, y una lata de cerveza - lo sé, me estaba autodestruyendo, gracias por pensarlo-. Saqué la marihuana compactada y la destroce con mis dedos, nunca antes había armado uno, y sin dudas no estuve a las expectativas. Ni de cerca lo que me vendieron llegaba a ser marihuana "pura", y mucho menos que llegará a ser uno entero, pero no importaba. Tenia un encendedor en el abrigo, siempre llevaba uno por la costumbre de que a Ludmi siempre se les perdía y me los daba a mí por ser más "cuidadoso". Abrí la cerveza y la apoye en el suelo, le di tantas pitadas que no llego a durar nada. No sentía el efecto, o ya estaba recorriendo mi cuerpo y no lo notaba por el alcohol. La lata de cerveza me duro lo mismo que la marihuana. Estaba en una calle oscura donde no pasaba nadie, no quería quedarme ni un segundo más. Ahora si me sentía totalmente aturdido y con ganas de estar tranquilo en algún lugar con música. Tenia en mente en volver al sitio donde el pianista interpreto a Chopin, sin esperanzas de que todavía siga con su show.

Una vez dentro estaba en lo cierto, el piano estaba abandonado, antes de acomodarme decidí verme en el espejo para verme como iba, sin dudas estaba hecho mierda, pero seguía conservando algo de elegancia. Me senté en un sillón negro esta vez alejado del escenario, estaba por demás cómodo o así lo sentía en este momento. Pedí un ron con coca y en la espera me puse a ver a las personas. Me preguntaba que clase de mentiras se estaban diciendo los uno a los otros, o hasta que punto exageraban sus historias. Sentado unos sillones lejanos pude distinguir al pianista acompañado de tres mujeres muy hermosas. Se notaba que sabia controlar la situación perfectamente porque los cuatro se notaban cómodos. Cuando me llego el ron con coca tuve el atrevimiento de acercarme hasta su mesa - normalmente no lo hubiera hecho pero realmente no me importaba - me presenté, y le conté que lo había escuchado aunque por un breve momento, muy educadamente me agradeció y me hizo lugar al lado de una de las chicas. Su nombre era Anton, y el de las tres chicas Luisa, Nadia y la tercera no lo recuerdo. Pidió rondas de ron con coca por el sólo hecho de que lo había antojado porque me vio beberlo. Ellos estaban tomando unos martins a lo que me comento que era "un trago muy caro solo por llevar aceituna". Continuaba metiendole alcohol a mi cuerpo, los parpados me pesaban toneladas, y cada vez se me dificultaba soltar alguna palabra, menos una oración entera. Anton me invito a seguir la noche con él y las mujeres en su casa. Asentí sin pensarlo dos veces, no dude en que sería un buen anfitrión.

Su casa quedaba a seis cuadras del bar, al decir verdad me imagine que sería más linda viniendo de un tipo que toma martinis y se invita rondas de ron con coca. Ni bien entró, Anton, tomó a Luisa por la cintura y la besó. Las otras chicas se reían por la situación y se me acercaron. El pianista se acerco hasta su reproductor de música y puso " Why Can't I Touch It de The Buzzcocks" lo reconocí de inmediato. Nadia fue a buscar un plato y cuidadosamente peino cinco rayas de cocaína. Prácticamente se abalanzaron sobre el plato quedando solo una raya, la mía. Me acerque y la aspire, no iba a hacer las cosas bien a esta altura de la noche.

- Ahora queda la droga del amor - dijo Anton, sacando de una bolsa unas pastillas
- Hoy estas de suerte Lemuel, por ser mi invitado hoy te tocan dos chicas, yo me voy a esta habitacion con Luisa, si queres ahí tenes otra habitacion - la señalo con una mano de parkinson - o podes usar el lugar de la casa que prefieras, mientras limpies después - se reía pero no emitía ningún sonido

Ingerimos una pastilla cada uno, cuando Anton se fue a la habitación agarrado de la mano con Luisa, Nadia y la otra no perdieron el tiempo y empezaron a tocarse y a tocarme. Me sentía demasiado borracho y drogado para mantener una relación sexual, no quería pensar con dos. La pastilla me hizo efecto de inmediato y me sentía con ganas de hablar y tocar a las dos hermosas mujeres. No entendía muy bien como había terminado en aquella situación, pero no estaba dispuesto a torturarme así que decidí de seguir el juego. Estábamos los tres completamente desnudos en el living, y una de ellas me pidió a modo de favor, casi rogando, que la golpeara. Con lo alto que estaba el volumen de la canción, podría asesinarla a golpes que nadie lo notaria.






     

miércoles, 18 de octubre de 2017

Capítulo 12

Hola, de nuevo. Han pasado varios días y me he puesto a reflexionar si extraño a Ludmila por un mero acto de egoísmo, o si en verdad se me hace indispensable una vida sin ella. Es decir, si estoy enamorado de ella, o estoy enamorado de mi cuando estaba con ella. Si cada lágrima que derramé y sigo derramando fue por su partida, o fue por el hecho de dejarme sólo cuando me sentía a gusto con la monotonía de su presencia. Son pensamientos fríos que el tiempo me ha puesto en el camino y no he sabido esquivar. De esa forma gasto - o malgasto - mi tiempo... pensando, pensando y pensando. Me esta poniendo realmente enfermo todo esto. Lo sé, no te hablado en mucho tiempo y te vengo con estos planteos, tomate tu tiempo para digerirlos, te espero.

Por otra parte, ella fingió durante los últimos meses - o tal vez, años - ser feliz, y de querer encontrarle el lado bueno a las mínimas cosas. Ella también fue egoísta si somos críticamente justos, sé que mis palabras ahora mismo parecieran las mismas de un robot de marca nipona más que de una persona, pero supongo que es porque estoy creciendo como persona, o simplemente soy un tipo muy angustiado... vos me dirás. Algo tengo claro, y es que la extraño, ella poseía de esas personalidades que se penetran en uno y son capaces de lograr maravillas... o destrucción, según sus valores y ética. Ludmi, era de las primeras, sin dudarlo. Podía manipular a su antojo a quien quisiera, aunque manipular tenga connotaciones negativa en muchas personas, cuando puede ser algo perfectamente positivo también. Me gustaba comparar esa palabra con el sabor preferido de ella, el "pistacho". Todavía sigo sosteniendo de que es un sabor horrible igual.

Pensé en aquella noche en el bar triste, sucio y oloriento que solía frecuentar los jueves, esa misma noche que había tenido sexo con una total desconocida, el causante que desencadeno que me cuestione sobre lealtad y amor a Ludmila. Estaba dispuesto a llamar a aquella chica para preguntarle que tanto la conocía a ella y ver si podía responderme algunas inquietudes, aunque de por sí, ver su nombre en la agenda del celular "Maria" significaba un dolor punzante en mi estomago, no quería imaginarme el verle la cara de nuevo, claro, todo esto si se acordaba de mi y estaba dispuesta a reencontrarnos. Al cuarto intento pude contactar con ella, que al parecer estaba igual de sorprendida que yo por el llamado, no me reconoció hasta detallarle aquella vergonzosa noche de helada máxima en aquel bar. Sonaba cortante al saber quien la llamaba pero accedió a verme, solo con la condición de que fuera esta noche, porque las demás por alguna razón se les complicaban. Quedamos en reunirnos a las nueve de la noche en la calle más recurrida e iluminada del centro, ubicación que cualquier turista interesado en esta ciudad le recomendarían ir.

Busque ropa que ponerme, tenia la misma desde hace un tiempo largo, parecía un dibujo de los años '90 cuando abren el placar y tienen la misma prenda repetida numerosamente. No buscaba impresionar a nadie, así que mucho no me importo. Prendí la ducha con la canilla caliente a más no poder, mi intención era que el intenso humo de vapor inunde el baño. Busque un reproductor de música para que me acompañe en la ducha, solía escuchar música alegre, pero mis últimos baños habían sido con "Radiohead" de fondo. Ya afeitado y limpio, me serví una taza de café, me termine de secar, me vestí y pedí un taxi. Podía ir caminando pero no me apetecía.

Le pague al chófer y me baje del taxi, no era un tipo muy amable. Eran las ocho y media, tenia algo de tiempo para ver que oferta cultural me ofrecía la noche de jueves. La música era la misma a lo largo y ancho de tres cuadras, no exagero, literalmente la misma. Entre tanta gente y conversaciones, ruidos y melodías repetidas, pude distinguir un piano que sonaba hermosamente bien, a cada tecla que presionaba su artista me acercaba un paso más a su interpretación. Por lo que pude percibir se trataba de las obras del talentosisimo Frédéric Chopin. Conocía su música debido a mis padres, que por causa del mito de poner música elegante y clásica a sus hijos en la panza, su desatollo intelectual aumentaría mágicamente antes de ser concebido, cosa que es totalmente falsa y hasta cierto punto estúpida, pero gracias a ese mito, mis padres se encariñaron con sus obras y me la legaron.

Di con el paradero del lugar, no parecía muy elegante como su música, pero quería entrar a comprobarlo por mi mismo. Antes llame a Maria para ver si estaba de acuerdo con aquel lugar, no quería ser pretencioso - aunque lo estuviera siendo - a nadie les agrada los pretenciosos. Ella acepto de una forma no muy convencida. Le comente de ir a otro lugar si quería, sabiendo que mis ánimos no estaban para ninguna música festiva tal cual como mis duchas. Al entrar era un salón bastante oscuro, pero mucho más elegante que su exterior. Visualice una mesa cerca del pianista, quería estar lo más cerca posible de sus excelentes interpretaciones, le pregunte a la moza si me podía acercar una cerveza a la mesa más próxima del piano, lo que me afirmo con su cabeza, así pude saber que no estaba reservada ni nada por el estilo. Me senté y toda la atención y concentración fue dirigida a los dedos que acariciaban las teclas blancas y negras del piano, sonaba perfecto, mi cabeza estaba en paz. La vibración de mi celular casi entorpece la melodía, atendí con voz muy baja, era Maria diciéndome que estaba afuera, que conocía un lugar mejor que ir. Me parecía una falta de respeto retirarme antes de que el habilidoso hombre terminara sus interpretaciones, pero tenia que hablar con ella si o si. Tome la cerveza en tiempo récord, pague de inmediato, y mediante un gesto de cabeza intente saludar al pianista que obviamente no me vio.

Me acordaba muy poco de su cara, pero sabía que era ella, nos saludamos de manera incomoda y me propuso ir un bar de un conocido de ella calle abajo. Estaba vestida de forma provocativa y sin mentir le quedaba muy bien. No hablamos, ni nos miramos hasta llegar al bar, que estéticamente era más lindo que el anterior, pero muchísimo menos interesante. Saludó a un grupo de personas y subimos unas escaleras hasta una mesa que parecía reservada para nosotros.

- ¿Qué te pido para tomar? - me dijo, sin siquiera sentarse en la silla

- Ron con cocca - le dije de forma tímida y en voz baja

Ella misma fue hasta la barra, se le acerco al barman amablemente y le dijo algo que no pude distinguir. Yo me sentía un poco incomodo por la situación, pero era algo que tenia que hacer, o al menos eso me repetía a mi mismo, una, y otra vez. Maria se acerco a la mesa con mi ron con cocca y para ella se servio un vodka. Por lo poco que me acordaba, era una mujer que le gustaba tomar alcohol.

- Bueno, me llamaste solo para verme, o vamos a hablar de algo - lo dijo de una forma casi desafiante

- Disculpa, te llame para hablar de una persona que capaz conoces - le había comentado un poco para que no se lleve una desilusión 

- Si, algo me dijiste e intuía ¿Quien es esa persona tan interesante que te mueve de tu casa y te trae hasta acá para verme? - Su voz era decidida y firme, no titubeaba

- Ludmila Darleen, ¿La conocías? 

- Si, me entere que se suicido, lo vi en las noticias y por las redes sociales, me impacto al principio... pero no la conocía mucho, antes estábamos relativamente mucho tiempo juntas en la universidad, pero ella se empezó a apartar, también nos habíamos cruzado algunas veces en distintos lugares. ¿Qué hay con ella?

- ¿Si?, te puedo preguntar ¿en que lugares la viste por ultima vez? - sabía que no había ido en vano, alguna pista o algo podía sacar de esta charla

- En fiestas de universidades, y la última en una casa de un borracho que saco un arma sin balas y fingía que le disparaba a sus invitados, un loco asqueroso realmente. Me acuerdo que estaba Ludmi con su novio. ¿Por qué queres saber tanto?

- Connn.. ¿su novio? - No podía ser, no había ido a ninguna fiesta con ella en la casa de un borracho que apuntaba con un arma a la gente, me hubiera acordado al instante

- Si, un chico bastante lindo de la universidad, muchas quisieras estar con él. No entiendo como una mujer tan linda se atreva a quitar la vida, que desperdicio - se sentía que lo decía sinceramente pero con desprecio

No pude soltar ni una sola palabra, si mis días venían en picada ahora directamente estaban condenados a caer en un pozo a caída libre con una roca de mil toneladas atada a mi espalda. Esto me estaba ayudando a responderme mis preguntas sobre el amor con ella, de la manera más dolorosa e hiriente, pero de alguna manera en fin. Igual seguía dispuesto a saber qué fue la que lo llevo a quitarse la vida de esa manera, y no sabia si catalogar la opción de infidelidad como una causante de la misma, tal vez, el tipo que estuvo con ella era el mismo que la prostituta me describió, faltaba una chica. Me levante para ir al baño a secarme las lagrimas, mojarme la cara, y preguntarle sobre aquel tipo, y si ella estaba aquella noche a la salida del museo. La estaba pasando fatal, pero el misterio de su muerte era lo único que me quedaba en la vida, la única razón por la cual me levantaba a la mañana, y no estaba en mis planes quebrarme emocionalmente y abandonar todo esto.




lunes, 29 de mayo de 2017

Capítulo 11

Perdón por no hablarte en meses, me tomó tiempo darme cuenta que le estoy hablando a nadie, o mejor dicho a un producto de mi cabeza y mala época. La última vez que conversamos sufrí ataques de pánico, ¿Te ha pasado? es horrible, el corazón se te acelera, sentís sensaciones de miedo, desesperación, adrenalina, sentimientos licuados y esparcidos por todo el cuerpo de golpe y sin aviso. He intentado volver a una vida normal sin éxito a la vista. Lo que me dijo esa pobre niña sobre la vez que vio a Ludmi no me ha dejado respirar. ¿Con quién iba acompañada?. Ahora trabajo desde casa, parece que le hicieron llegar algún rumor a mi jefe y se apiado de mi. Le envió artículos de cuarta por email y amablemente me los retribuye. En un mundo justo no tendría porque hacerlo, lo digo de verdad. No he salido de mi cuarto en semanas, no tengo ganas de bañarme, ni vestirme, duermo poco y como mal, tengo miedo de verme en el espejo. Lo sé, necesito ayuda, siempre la necesite, tal vez por eso te creé en mi subconsciente, no podes juzgarme ni enfrentarme porque no tenes voz propia, lo que te convierte en mi vía de escape. No quiero herir tus sentimientos - que asumo no tenes-, pero no me has servido de gran ayuda. Es tiempo de hablar con alguien que pueda llegar a entenderme, tengo dos grandes opciones: 1 - Un viejo compañero de facultad llamado Eduardo y 2- Analía, una chica que no recuerdo cómo, ni dónde nos conocimos, pero agradezco el haberlo hecho.
La primera opción es un tipo que parece tener la respuesta indicada a todo. A cada pregunta que soltaba - importante o no - él tenia una respuesta fundamentada y precisa. Siempre simulaba estar interesado en mis cosas, y muy raramente - o nunca - me contaba de las suyas. Sé que jamás le importe, pero de verdad daba muy buenos consejos. Cada vez que nos veíamos era con un ron en la mano.
La segunda opción es una chica soñadora pero con los pies bien plantados en la tierra, su empatía me daba una cierta confianza a mostrarme sin ser juzgado, y sus consejos eran tan buenos como los de Eduardo, incluso diría que mejor porque no se sentían arrogantes como los de él. El problema era que hacia mucho no nos veíamos, y no sabría si tiene, y quiere, compartir tiempo conmigo. Menos en el estado en el que me hallaba.
Fui en orden y marque el numero de la primera opción, según sus palabras estaba "encantado" de que nos veamos. Como siempre ya tenia un lugar, y una hora designada. Nos íbamos a reunir en un café restaurant donde tocan bandas en vivo de jazz - según él su música preferida -, lo que me obligaba a levantarme de la cama, vestirme, bañarme, y verme en el espejo. A duras penas ya estaba listo para despedirme de mi casa. Me puse una remera blanca con una estampa de una foto icónica de Sophie Scholl, una campera fina de jean celeste, unos chupines negros, y unas zapatillas tipo botas. No tenia ni idea de como estaría el clima, ya que nunca cambio en meses para mí. Debatí momentáneamente si llevarme una campera abrigada - la cual no lleve -. Fiel a mi estilo, fui caminando al café, que precisamente no quedaba cerca. Durante el trayecto un grupo de seis o siete jóvenes borrachos me insultaron sin motivos aparentes, hice oídos sordos, no estaba dispuesto a pelear, no tenia las fuerzas suficiente ni para levantar el puño, solamente me digne a acelerar el paso, estaba haciendo mucho frió -consejo -, siempre que dudes lleva la campera, hoy lo aprendí.
Ya en el café, que tenia una forma cilíndrica, y era bastante elegante, me senté en la barra, no habíamos reservado mesas, no me molestaba tampoco. Eduardo todavía no aparecía, algo que sabia de antemano porque es narcisista, aún más que Taiel. En el escenario estaban haciendo un cover del tema "Moanin'" de Charles Mingus. Parecían ser estupendos músicos, menos el trompetista que iba a destiempo con los demás. La verdad que es una pena, es como ver algo precioso pero con una manchita de mugre que no se le puede sacar. Me pedí un ron suponiendo que mi compañero ya estaba por venir, y así fue. Nos saludamos con un apretón de manos, a ninguno de los dos nos gustaba abrazar, me hundió el hombro con la mano grande que tenia, y me invito a sentarme donde yo ya estaba sentado. Muy sonriente se pidió dos vasos de ron que estaba dispuesto a tomárselos de una. Le intente contar sobre Ludmila pero estaba centrado en la banda, repetía de tanto en tanto - me encanta - para ser melómano tenia un oído terrible,  y yo no podía parar de pensar que esas trompetas arruinaban todo. A todo esto, él ya había tomado cuatro rones y yo recién estaba por el primero, mencione la banda y use la palabra "cover" lo que se disgusto mucho porque es puritano y melómano. Al final se fue con una mujer, lo que me hizo suponer y pensar que habíamos quedado en el café solo por ella, nunca le importe, repito que lo tenia bien en claro, pero esta vez no soltó ni una palabra, ni mencionar un consejo, que era únicamente lo que esperaba. A los gritos me dijo - un gusto verte de nuevo -. No sé por que tengo como opción a este tipo, debería replantearme mis prioridades.
Me quede un tiempo escuchando "Blue train" de John Coltrane cuando decidí llamar a Analía, no tenia muchas expectativas. Cuando uno no ve a otra persona en mucho tiempo se va olvidando y hasta puede resultar incomodo el verse nuevamente después de un largo periodo.
A mi sorpresa - y agrado - ella acepto reunirnos después de que saliera de su trabajo, el lugar esta vez lo propuse yo, un bar con una música fantástica que ambos admirábamos. No aguantaba ni un segundo más al trompetista, me estaba acuchillando el alma con cada soplido suyo. Di el ultimo vistazo al restaurant, noté que la mayoría de la gente era - o aparentaba -ser intelectual teniendo sus charlas profundas. Pedí un taxi y me fui directo al bar, me quedaba tiempo hasta que Analía haga su presencia.
El bar era menos elegante, pero por eso no peor que el Café-Restaurant. Tenia dos pisos, y en sus paredes se encontraban cuadros de influyentes del rock nacional e internacional. Pensándolo mejor tuvo que ser mi primera opción, pero yo y mis decisiones acertadas nunca vamos a estar de acuerdo. Por suerte la gente escaseaba, sé que alguna vez te conté que me encantaba ver personas, pero justamente en estos meses no. Me pedí una cerveza, y le mande un mensaje a Analía en el lugar exacto donde estaba, así no me andaba buscando por todo el bar. La vi entrar con un libro entre las manos, al juzgar por la tapa - casi siempre se me daba bien - era el libro "El coronel no tiene quien le escriba" del escritor colombiano Gabriel García Márquez. Nos saludamos con un abrazo natural y verdadero, los dos estábamos contentos de vernos. Le pregunte si el libro que sostenía era el mismo que pensaba, y me afirmo que estaba en lo correcto, le pedí que me lo prestara un segundo, estaba desgastado y remarcado, hojeándolo me fijé que una frase estaba subrayada "La vida es la cosa mejor que se ha inventado". Se dio cuenta de lo que leía y me comento - sin dudas, la vida es lo mejor que se ha inventado, pero la gran mayoría sólo la aprecia en los momentos culmines, y no todos los días... es una lástima - lo cual compartía, pero yo me identificaba con lo que ella llamaba "la mayoría". Hacia mucho tiempo que no tenia una buena conversación con alguien, en serio. Debatimos sobre la película "El gran truco", nos atribuimos personalidades del libro "Las ventajas de ser invisible" del escritor Stephen Chbosky, charlamos de música, y lo más interesante, hablamos de sueños durante horas. Analía era muy imaginativa, sus sueños pasaban de lo alegre a lo triste, de lo verídico a lo abstracto, de lo posible a lo imposible, en cuestión de segundos. Me contó una cantidad de sueños que en comparación a días yo diría que seria una semana, cuando - casi orquestado - sonó el tema "Hey Jude" de la mejor banda del mundo "The Beatles" no hacia falta decir ni una palabra, mutuamente sabíamos que era un temazo. Sus interesantes historias lograban que no piense en Ludmila, entre tantas noches de depresión por fin estaba teniendo una placentera para darme un respiro emocional. No sé porque desperdiciaba tiempo en hombres como Eduardo, y no escuchaba a personas como Analía. El tiempo pareció acelerarse muchísimo, en buena compañía todo es el doble de rápido, ella tenia que acostarse porque madrugaba, y yo tenia que volver a mi cama donde desataba una guerra interna contra mi, sin dudarlo planeaba volverla a ver dentro de poco.

lunes, 22 de mayo de 2017

Capítulo 10

No debía seguir siendo esquivo a la realidad, esa que en el escaso tiempo de meses había mutado de forma violenta, horrible y preocupante. La ciudad empequeñecía cada hora que la recorría, y los secretos que ocultaba ya estaban al descubierto ante mis caminatas nocturnas introspectivas de insomnio.
Nunca te conté la forma y el lugar exacto donde Ludmila entrego al completo su cuerpo - por primera vez siendo por completo sincera - y decidió callar su conciencia. Es momento de que hablé de esto con alguna persona, aunque esa persona sea un simple lector que no conozca, ni me conozca para nada. ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Existe verdaderamente ese lector? ¿Me estaré volviendo loco?.
Fue un miércoles de septiembre, y aunque suene irónico, a ella le encantaba los miércoles. En el desayuno, rozando la hora del almuerzo, se notaba animada y risueña. Todo indicaba a que iba a ser otro día de estrés laboral, de columnas insignificativas, de lidiar con estados de ánimos inaguantables para una persona que solo busca tranquilidad y espacio personal, de indagar acontecimientos intrascendentes con el mismo grado que Sherlock Holmes utilizaría su ciencia de la deducción, de satisfacer a jerarquías superiores a la de uno cambiando completamente de ideología y persiguiendo lo que el jefe denomina "el bien colectivo". En fin, otro día común sin sobresaltos. A mi ingenuidad, y mala percepción, ese miércoles no termino como creía que lo haría.
Yo tenia que ir al trabajo a las cuatros,  mientras que ella actuaba como si fuera completamente feliz en su franco laboral - capaz que lo fue en ese preciso instante - vestía ropa comoda, detalladamente una remera blanca con un corazón, y un pijama rallado blanco y negro, sus dedos de los pies estaban al descubierto. Tal vez te olvidaste pero como cada día normal - y no tanto -, ella siempre escuchaba música. Por lo general era música depresiva, pero esto no era un factor a preocuparse si se la conocía bien. Ahora que lo pienso capaz eso paso, tal vez siempre tuve la ilusión que la conocía de pies a cabeza y realmente ni siquiera llegué a una aproximación de lo que en realidad era... perdón, me estoy yendo de vuelta, es complicado no hablarle a nadie, o no saber con quién estas hablando, deberías intentarlo. Algo sé. Definitivamente me estoy volviendo loco.
Recuerdo que subió el volumen en el tema "Heaven Knows I'm Miserable Now" de su banda preferida "The Smiths". Ahora que conozco el desenlace del día, me cuesta creer que cantara a gritos "Pero el cielo sabe que soy miserable ahora" - una parte que reza el tema - con una sonrisa de extremo a extremo. Estuve parado frente a una mujer que estaba viva y muerta en el mismo tiempo y espacio. Si pudiera volverla a ver, la abrazaría, besaría, y le diría que es mi Ludmila de Schrödinger. Rara vez nos poníamos de acuerdo en la hora del almuerzo, resulta que ella era vegetariana y yo un simple carnívoro. En alguna ocasión me contó su decisión de dejar de comer carne porque vio un documental de un matadero cuyas imágenes le apuñalo las tripas y la sien. Yo creo que también ayudo bastante a su elección alimenticia y personal el hecho de que Morrissey - su persona favorita en el mundo - también lo sea. El tema "Meat Is Murder" del disco con el mismo nombre era lo que consideraba su "himno personal". Decía que llevaba tatuada la frase "Esta hermosa criatura debe morir. Una muerte sin razón. Y la muerte sin razón es asesinato" aunque de verdad no la tenia penetrada en tinta en su piel.
Comimos pizza congelada, nada agradable para la vista, gusto y estomago. Mientras me preparaba para ir al trabajo. No es que tenia que cumplir con un uniforme o pautas de como lucir, pero me preparaba mentalmente a batallarme con personas narcisistas y sociopatas, según una investigación estadounidense, la profesión que ejercía se encontraba en el sexto puesto de estas gentes frías y calculadoras. Ludmila parecía más despeinada causado por los saltos que daba por toda la casa, es increíble como a alguien le puede gustar demasiado un día de la semana, y específicamente no es un típico viernes o sábado que la mayoria esperan.
Me dijo que no fuera al trabajo y que tengamos sexo por cada rincón de la casa - no es que hubieran muchos rincones igual -. Estaba realmente hermosa, nada de maquillaje que tape y corrija lo que ella no le gustaba de su cara. Ninguna ropa ostentosa, ni dolorosa para verse más delgada o alta. Era perfecta con sus imperfecciones. Repito que nunca fui bueno con las decisiones y opte por el trabajo prometiendole que a la noche volvería a casa con un vino y su gusto de helado preferido. Pareció o fingió entenderme mientras me acomodaba el pelo -en verdad me lo desparramaba con su mano, esa era su forma de peinar -. Atravesando la puerta me recordó que no haga planes para la noche, y que traiga el vino, le dije que seguramente no me salia nada mejor que hacer - en forma de broma - y sonriente me dijo nos vemos. Así fue, pero solamente fui yo quien volvió a verla.
En mi oficina de trabajo, ya sentado en la desgastada silla que la empresa me prestaba semanalmente, algo que había dicho Ludmi daba vueltas en mi cabeza, lo cuál con un poco de elaboración podía ser mi nueva columna. Se me permitía salirme un poco de las normas y reglas de la empresa "De ésto se habla hoy" por las criticas positivas a mis artículos, y de forma de "agradecimiento" mi jefe me daba permiso a darme algo más de vuelo, los únicos que teníamos ese falso privilegio eramos yo, y Fabiana. Mi jefe en realidad no es una mala persona, y parece preocuparse por sus empleados, mejor cambio la palabra "preocuparse" con "interesarse"  pero en mis tiempo libres no sería una persona con la cuál me tomaría una cerveza y le contaría mis cosas, es decir, no gastaría ni un minuto de mi vida si no dependiera de él para subsistir.
Lo que parecía rondar en mi mente era que Ludmi me había dicho al terminar el libro que le regalé "Touching from a distance" que sentía una mezcla de alegría y enojo, de estar vacía y llena, de estar contenta y triste. Qué no sabia como describirse en ese instante, pero que buscaría la palabra perfecta para describirlo. Comencé a tratar de encontrar esa palabra que fuera adecuada, cuando me di cuenta que tenia un articulo a la mitad, y que mi presencia ya no era obligatoria en el medio de comunicación.
Compre vino tinto y deje por último al helado así no se derretía, su gusto era pistachio, uno al que todos - o casi - odian. Ludmi estaba convencida de que tenia mala "prensa" por eso a muy pocos les gusta, lo describía algo similar a lo que pasa con las personas y los gatos. Pero siéndote sincero, es el gusto de helado que ni siquiera pondría en mi lista.
Con mi mano derecha saqué las llaves de mi bolsillo, no sabia que me esperaba el infierno del otro lado. Todas las luces estaban apagadas, y del living provenía una música excesivamente alta que se llegaba a apreciar desde fuera de casa. Lo que se escuchaba era el disco "Viva Hate" seguramente ya se dan una idea de quién puede ser. Con voz proyectada repetía su nombre, y lo que me contestaba era solo las melodías que salían del equipo de música. Sentía que algo andaba mal, fue solamente esa vez donde mi percepción no me fallo... por desgracia. Al prender la luz de la cocina vi el cuerpo de Ludmila abrazada a sangre espesa y de un color más a negro que a rojo como lo muestran en las películas. Llevaba puesto un vestido negro que escasamente usaba, y al lado de su cuerpo estático un arma que no había visto en mi vida, ni siquiera sabia que ella tenia una. Mis gritos de desesperación callaron la música, y los abrazos que le di a Ludmi serían la pesadilla de cualquier forense que te obligan a no tocar nada. Estaba atónito, incrédulo, triste y enojado - aunque el último sentimiento te lo puede decir ahora que estoy pensando en frió - Ella seguía luciendo esplendida como si se tratara de un tributo a Evelyn McHale, una joven de 23 años protagonista de la foto titulada "El suicidio más hermoso del mundo" Es fácil atribuirle semejante nombre cuando la que no esta "posando" para la foto no es un ser querido. Por hoy te conté mucho, necesito acostarme y no pensar en nada, gracias por escucharme o leerme, Necesitaba esto.

lunes, 20 de marzo de 2017

Capítulo 9

Lo que siempre hacia primero era tomar una copa de vino de una cantidad poco menor a la mitad, seguramente habría dejado las pinturas para después, enfocándose primordialmente en las esculturas. No solo se concentraba en las obras, sino que también dedicaba tiempo en la estructura del museo, parecía darse cuenta de los mínimos detalles, tanto como de remodelación, o de cambios imperceptibles en los colores de algunas columnas o paredes. Al decir verdad, ella era una gran artista, nunca en su vida había pisado una escuela de arte, o un taller de pintura -seguramente- dictado por un señor borracho, divorciado, amargado y vanidoso. Lo que ella poseía era talento innato, a mi parecer, mucho más meritorio que uno adquirido bajo aprendizaje. Esto era natural, como el habla mismo. Un don que no hubiera podido desligarse por más que quisiera. Después de haber recorrido toda la galería, y de haber recargado unas tres o cuatro veces su copa, seguramente decidió irse. Conociendola, su mejor opción, tal vez, era volver caminando, o caminar un tramo y el resto en taxi.
Intente recrear sus pasos, el museo se encontraba a mitad de cuadra, y nuestra casa a unas treinta y siete cuadras más abajo. Doblé en la esquina calle abajo, y me propuse mirar en todas las direcciones a la vez, no se me tenia que escapar una sola casa, una sola vereda, un solo callejón, un solo pasillo. Por cada paso que daba, la pobreza parecía apoderarse de los habitantes en una casi perfecta división de clases sociales. Se estaba haciendo de noche y los primeros vagabundos se apresuraban en buscar resguardo en un invierno que no tenia compasión por nadie. Algunos me observaron entre ojos cerrados y boca abierta como advirtiendo de que era un desubicado, o juzgándome como un arrogante por la ropa que llevaba, solo por el hecho de estar intacta y limpia. En veinte cuadras, o más, no vi a un solo alma. Realmente dudaba si ella habría decido venir por este camino debido a que no hay nada que pueda llamarle la atención, desde iluminación a edificación, parecía que la vida hubiera mirado para el costado, ignorando lo que sucedía cruelmente, y lo bello hubiera esquivado dicha zona para no entorpecerse ni estropearse. Distinguí la silueta de una mujer a medida que me acercaba, el pelo parecía ser una peluca rubia, y cada prenda de ropa era más chica que la anterior. No tardaron en escucharse unos silbidos masculinos al ritmo del andar de la rubia. Hay códigos genéticos -o lo que fuere- implementados en el ADN del hombre que a medida de los años no parece desprenderse - como el arte y Ludmila - que es una reacción innecesaria del hombre a gritar cosas, o silbar, cuando ve al sexo opuesto en paños menores - a veces ni eso-, esto se potencia enormemente cuando se encuentra rodeado de otros masculinos, volviéndose competitiva, y en algunos casos violenta. En muchos aspectos todavía nos falta evolucionar. Me acerque a ella con la intensión de preguntarle por Ludmila. Su cara estaba maltratada, su mirada y ojos revelaban que su edad no pasaba de los diecisiete años, pero la angustia y descuido de su piel la hacían ver de veintiocho. Se me quedó mirando en pose provocativa, o lo que para ella lo era. Le pregunte si había visto una mujer con la descripción de Ludmi, detallé la vestimenta, pieza fundamental para que supiera quién era, más por la decadencia de la zona que por la ropa en sí.
- Yo no hablo, solo tengo sexo - dijo con una voz delicada y juvenil
- Solo quiero saber lo que te pregunte - comenté esperanzado de que la haya visto
- No lo voy a volver a repetir - lo decía muy en serio, seguramente nadie le había preguntado nada en años
- Bueno ¿Cuánto cuesta pasar un rato con vos? - Mis intensiones no eran sexuales, me picaba la curiosidad de saber como termino ella en esa profesión, aunque todavía no podía develar cómo termine yo en la mía.
- Trecientos treinta, vamos a un departamento acá cerca - parecía sin expresión, como si la hubieran programado para no sentir emociones y repetir un speech al estilo telemarketing barato.
- Listo, te sigo - ya no estaba tan convencido como hace unos segundos
Caminamos solo una cuadra y entramos a un pasillo, en la puerta se encontraba un tipo de aspecto temible, era físicamente corpulento, con una barba descuidada y canosa que le llegaba hasta la panza. Me observó unos segundos de manera desafiante, pero me ofreció una bebida muy amable, le negué y seguí el recorrido. Era un pasillo largo con muchas piezas a sus costados, en ellas se podía escuchar la decadencia humana, no miento, gemidos de placer eran la minoría. Su pieza -o la que le daban- estaba escalera arriba, estaba apartada un poco de las demás. Ni bien puse un pie en la entrada, la muchacha ya se estaba desabrochando el corpiño, revoleandolo al suelo. Se tiro en una cama prácticamente desarmada, se llevó el dedo indice izquierdo a la boca chupándolo, y con el derecho me hacia señas para que vaya hasta ella.
- No vengo a tener relaciones sexuales - dije antes de que siga con su rutina
- Perdes el tiempo, y voy a cobrarte igual
- No me importa, solo quiero hablar con vos
Busque el corpiño del suelo y me acerque a la cama. Me senté al borde de la cama al lado de ella. Me estaba dando mucha pena. La vida en verdad parecía mirar a otro lado incluyendo a casas, calles, y personas. Se podía ver la inocencia de una niña en la pupila y la cornea de sus ojos marrones, tal vez nunca tuvo una oportunidad, o quizás si, y no la supo aprovechar, o por cuestión de estupidez juvenil no se daba cuenta que el camino que seguía era uno de infelicidad, depresión, drogas, maltratos y autodestrucción. Seguramente su nivel académico era escaso, lo que la volvía vulnerable en búsqueda de nuevas oportunidades. Se rodeaba de tipos enormes que al menor movimiento no estipulado de libertad le pegarían cobardemente dejando daños mentales y físicos. Pensar en eso hizo sentirme mal, solo cuando tenemos a alguien que consideramos peor que nosotros adelante nos hace dar cuenta el sacrificio que tuvieron para con nosotros, a mi nunca me falto nada por suerte, y pude nutrirme de conocimiento en un ambiente armonioso, o por lo menos estable. Me dieron ganas de darle un abrazo - que seguramente ella rechazaría-. Pero no voy a ponerme moralista ahora
- Vengo de unas semanas frustrantes, te lo pido por favor ¿Viste o no a una chica castaña vestida con una gabardina militar?
- Ya veo lo mucho que te interesa, estas ahora conmigo en muestra de tu amor con esa chica - escucharla me hacia bien, la sacaba de su papel de robot anhédonico
- No entendes, de verdad solo subí para conversar, en este momento, toda idea parece darme vuelta, y saber que viste a esa chica me ayudaría a poder cerrar un ojo esta noche entre tanta confusión - no podía levantar la cara, ella tendría que ser la que me este contando sus problemas, no yo a ella
- Por favor, en esta pieza no permito ningún tipo de sentimientos, si pensaste que con pagar yo iba a escuchar tu historia estas equivocado - lo dijo a secas - pero bueno, si me parece que vi a esa chica
- ¿Cómo? ¿Dónde la viste? ¿Qué hacia sola ella por estas calles? - la última pregunta en realidad salio automáticamente de mi boca
- Parecía muy borracha, parecía que la estaba pasando bien, ahora lo que estaba sola no es exactamente así, ella venia acompañada de una chica, y un chico guapo - miraba para arriba tratándose de acordar lo que había visto - se te acabo el tiempo, si no te molesta no voy a pasar ni un segundo más en esa cama
Saqué la billetera del bolsillo trasero izquierdo de mi pantalón anonadado, busque tres billetes de cien y uno de cincuenta. ¿Con quién estaba ella? ¿Los habrá conocido en el evento de arte? Me dijo que iba a ir sola, excepto por Emilia que había llamado para bajarse.
- Toma, acá tenes la plata, muchas gracias - le acerque los billetes a su mano
- Discúlpame, pero eran quinientos pesos
No tenia ganas de discutir, sabía que me había subido el precio, pero no estaba dispuesto a discutir por eso, saque otro ciento cincuenta y se los di. Salí lo más rápido posible de ese lugar, deseando no volver a pisar nunca más esas calles, si la vida miraba para otro lado, yo iba a hacer lo mismo.